Los peligros de fumar en la cama – Mariana Enriquez. Laguna libros, 2016

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Por Alejandro Torres.

Todos tenemos lugares por los que no queremos pasar. Calles de nuestra ciudad que conocemos; por donde mucha gente transita y que sin embargo nos negamos siquiera a mirar de lejos. Las pasamos de largo porque se han hecho como puntos oscuros o abismos donde algo nos sugiere que podríamos perder la razón o la vida. Esos lugares se van extinguiendo de nuestra memoria por salud mental. tratamos de olvidarlos, de borrarlos pero siempre hay oportunidad de que regresen como los viejos malos sueños que nos forjaron la psique en la niñez. Mariana Enriquez sabe de qué se tratan estos viejos temores. Los pone en nuestra piel y los vuelve a la superficie de ese mar en que los ahogamos años atrás. Se suma con tiento a lo mejor de las pesadillas hechas literatura. Todos sus cuentos son como una esquina que creemos derruida y ella se empeña, con éxito, en mantener en pie. Niños desenterrados,  Barrios caídos en desgracia, Mujeres solamente acompañadas por sus demonios. Hay mucho moho en su geografía; como limo que convierte a sus creaciones en algo pútrido que se ha quedado a vivir en la nevera y ya no queremos o no podemos sacar de ahí. Después de terminar cada relato, queda la sensación de haber vivido algo semejante a lo que narra, aunque jamás se haya cruzado ninguna atrocidad parecida en nuestra vida. Ese es su poder: Hacer que parezca absolutamente real, sin que se abandone la certeza de que solo es un cuento. Pero quién lo sabe? Desde hace mucho no me topaba con algo de este calibre. Anoche me puse en contacto con chicas que solo quieren ver muertas a sus enemigas y vivos a sus ídolos al punto de dejar su sangre en altares inútiles y sin embargo terribles hasta el asco. Mariana me contó por fin cómo alguien puede obsesionarse por un latido humano hasta querer arrancar vivo el corazón; cómo se maldice una calle o se cae en la locura por culpa de un juego inocente pero, sobre todo, me llevó al insomnio poder estar en comunión y pavor con el lado femenino de lo macabro como nunca me había ocurrido. Tal vez hayan muchos escritores que la superen pero, esta argentina gótica, rockera y terrible construye arquitecturas como una araña que se queda a la espera paciente de que una tarde, al voltear la esquina, quedemos por fin atrapados en esa calle tan temida.

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Crímenes – Ferdinand von Schirach. Salamandra, 2013.

Por Alejandro Torres.

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Transformar en relato una experiencia personal es, sin duda un reto. Toda memoria es frágil y Schirach lo sabe. Pero sabe también que su experiencia en el plano judicial, lo pone en la privilegiada presencia del delito como materia literaria. Va tejiendo paso a paso, cuento a cuento, un entramado de historias de su día a día como abogado penalista. De su mano empezamos el descenso a la oscuridad; Crímenes no es solo un volumen de cuentos basados en hechos reales. Deudor de la tradición del relato policíaco en la literatura, su pluma nos involucra en un tapiz malas decisiones y de accidentes más o menos inevitables. Un recuento de errores que devienen en sangre y desastre. Schirach no teme a describir en detalle el horror cotidiano. Ladronzuelos, mafiosos, vagabundos, desesperados; gentes que, acorraladas toman siempre la peor ruta para salir del hueco. De lejos, Alemania -escenario de estos relatos- parece un país de ensueño. Una máquina de relojería perfecta y ajustada pero desde las palabras de este abogado, se deja ver un país tan humano como todos. Lleno también de contradicciones y vidas fallidas. Once relatos verídicos de parte de un jurista que ha mirado al abismo. Parece decirnos que al final, cualquier mañana puede empezar el infierno para nosotros. En esta comedia nadie escapará al sufrimiento; la más democratizada y difundida de las emociones. Qué nos espera al cruzar la puerta y encerrarnos en el mundo? Crímenes repasa en corto las infinitas posibilidades de encontrarse cara a cara con la desgracia. Una artesanía del género negro en su más alto punto.

WE GO ON (película) – Jesse Holland, Andy Mitton. USA, 2016.

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Por Alejandro Torres.

La filosofía de todas las eras señala que son unas pocas preguntas las que entrañan la angustia humana: ¿Quién soy? ¿Para qué estoy aquí?¿Qué puedo hacer? ¿Qué me cabe esperar?. Esta última es, de alguna forma, la madre misma de la desesperación y a la vez el motor de toda acción; la eterna lucha contra el tiempo, que es luchar contra la materia de la que estamos hechos y que se va agotando, fugando como arena o agua entre nuestras manos. Qué responder ante la finitud, ante la inminencia del punto final de cada grano de arena que somos. A dónde van a parar nuestras luchas, nuestros vanos intentos por retrasar la cita ineludible de la muerte. Esta peli basa su argumento en hallar la respuesta. No debo adelantar nada más que un hombre cualquiera, a caballo entre el miedo y la locura, tratando de resolver ese gran enigma. Qué sigue tras nuestro paso fugaz por este mundo. Nos aguarda algo o alguien al otro lado? Pagarías por saberlo a ciencia cierta? Una película de terror sin pretensiones ni demasiados efectos que, sin embargo, logra su cometido con un giro inteligente. Quién de nosotros no ha quedado en vela tratando de razonar o especular sobre el otro lado? Vale la pena ver cómo estos directores se las apañan para que no nos paremos de la silla aguardando la respuesta. Una ficción diestramente retorcida que contesta, desde la imaginación al menos, a este enigma. Imperdible.

Grandes borrachos colombianos – Pablo Rolando Arango. Libros Malpensante, 2016.

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Por Alejandro Torres.

Un día le pregunté a un amigo si sabía o intuía una buena razón sobre porqué las gentes de Antioquia, Caldas, Quindío y Risaralda -esas regiones que los malentendidos aúnan mal y sin distingo como “paisas”-, tienen en tan alta estima el alcohol. Me respondió tajante que son pueblos de montaña, melancólicos y violentos. Que además de trabajar -rasgo definitivo y hermoso-, la vida los llama a beber para ahogar cierta quietud; una geografía que se debate entre montañas inexpugnables y municipios pequeñísimos donde no hay secreto a salvo; donde la vida se repite cada veinticuatro horas en las mismas cuatro calles. Así las cosas, beber es una forma de huir del torpor que se apodera de uno tras años de ver la misma película que solo se interrumpe en las fiestas anuales del pueblo o con un brote inesperado de violencia o justicia, que viene a salvar del tedio que solo el aguardiente sabe aplacar.

Pablo ha escrito en poco más de ochenta páginas una mejor respuesta. Una que no niega la de mi amigo pero que se sumerge hasta el fondo de esa botella en la que se hallan atrapados muchos colombianos. Un tratado filosófico que si hacía falta. Una mejor explicación a la tristeza y al simple amor a celebrar la vida hasta quedar tirado en andén de la vida. Inconsciente pero felíz. Nos regala cuatro historias bellísimas sobre hombres y copas; coperas y música de cuerda. Montañas de Colombia bañadas por el anís que es ánimo para las vidas que de tanto vivirse, requieren ese bálsamo que las haga soportables. Pocas veces un libro de filosofía o mejor de un filósofo, conversa con el hombre de a pié. Pablo sabe que se piensa para dar respuesta o acicate a lo que no entendemos. Que siempre es más fácil enterrar un hombre que comprenderlo. Apenas vamos por el primer volumen. No creo que este tema se agote tan pronto. Quedo honestamente a la espera de otro round con este hombre que, desde las faldas manizalitas, piensa el mundo. Se sabe hace mucho que el primer trago es difícil de pasar pero este sorbo de libro preludia varias botellas. Hay libros pequeños que se vuelven enormes sin mayor noticia. Este es uno de ellos.

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El librero – Roald Dahl. Nórdica libros, 2016.

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Por Alejandro Torres.

Hay libros que atraen directamente por el título; otros por la portada o el diseño externo. Los hay más, que exigen de nosotros atravesar su puerta y entrar de lleno en sus páginas para saber si somos, como dijo Borges “el lector que este libro esperaba”. Puedo jurarles que este es el caso perfecto. Con solo mirarlo de reojo, atrapa. Todo está dispuesto en este librino para que no escape nadie. Autor, título y aspecto externo ya preludian una tarde increíble. Lleno de mala uva y buen humor, es el relato perfecto para adentrarse en el oscuro mundo de los libreros. Aves en vía de extinción, Roald Dahl parece aquí rendirles tanto un homenaje como una buena y elegante paliza. Los desnuda; va al asalto y deja por escrito el alma desnuda de más de un vendedor de libros y sus vidas cercadas por la ambición en pos de un nuevo hallazgo. Repleto de humor negro, corto y contundente, sería un relato bueno pero, acompañado de las ilustraciones de Federico Delicado, este libro es simplemente excelente. Sin más, si lo suyo son los libros ilustrados o le atrae sumergirse por un rato en un cuento audaz y sin precauciones, este es sin duda uno de los mejores que he podido hallar. Al cielo se va por el clima, al infierno por la compañía. Los libreros de seguro ya tienen silla apartada en el submundo.

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LA MUJER DE LA ARENA – KÔBÔ ABE – Ediciones Siruela – 1989

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Por Tomás Ferri

Desde el momento en que se le reconoce,
el absurdo se convierte en una pasión,
en la más desgarradora de todas.
Camus

Un coleccionista de insectos aficionado llega en sus vacaciones a una playa en busca de un tipo específico de escarabajo. La noche lo atrapa y un aldeano le ofrece sitio donde pernoctar, una casa habitada por una joven viuda. Todo tiene un tinte extraño para él: desde la casa, que parece tarde o temprano se derrumbará, hasta el comportamiento y la conversación de la mujer, limitados a su única realidad: la arena.
Desde que despierta, la mañana siguiente, se da cuenta de que su pesadilla empezó antes de caer dormido, al entrar en aquella casa, al internarse en aquella playa, o, incluso más aterrador para él, siempre ha vivido en esa pesadilla. Mientras que la obsesión de la mujer es palear y palear arena para evitar que esta aplaste su casa y, sobre todo, su aldea, la obsesión de él será planear la forma de escapar de aquella casa, de aquella realidad (la arena).
En una atmosfera que podríamos llamar kafkiana, encontramos a un hombre con las cuestiones existenciales propias de un personaje de Camus. Un hombre que en la pequeña ventana del ocio reafirma una individualidad —la cual ni siquiera está muy convencido de poseer— es sometido por la ley gregaria de una comunidad: ama tu aldea. Este primer mandamiento social trae implícita la obligación social primaria: trabaja. Y allí empieza el “sinsentido”, el absurdo de la situación: si trabajas serás recompensado —podrás vivir en la comunidad, obtendrás las pequeñas satisfacciones que esta diseñe para ti—, en caso contrario, serás castigado —se te mostrará que el bien general debe primar sobre el individual—. Sin embargo, jamás podrás salir de allí porque, como lo expresara Pessoa: “¿Hacia dónde pensar en huir, si sólo la celda es el Todo?”

Kobo Abe construye una corta obra maestra donde un individuo es obligado a pertenecer, a ser parte de. Sus personajes, el hombre, la mujer, el viejo, los aldeanos y los niños nos dan cuenta de mecanismos que hacen parte del gran engranaje. Un engranaje en que cada parte es controlada por cada una de las otras partes y esta a su vez ayuda a controlar a todas las otras partes, como la mujer que lo empieza a envolver o bien por lástima o por su instinto sexual más animal. Los pensamientos del protagonista, que pretender ser lógicos o sensatos, al intentar dar sentido al absurdo mundo que lo rodea, no logran más que dar nacimiento a cierto tipo de esquizofrenia, quizá su única manera de huir.

Hay muchos libros que nos cuentan grandiosas historias, hay otros tantos que pretenden mostrarnos algo, y hay muy pocos que realmente nos dicen algo. La mujer de la arena es, sin lugar a dudas, uno de estos últimos.

Tinta – Fernando Trías de Bes. Seix Barral, 2012.

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Por Alejandro Torres.

Maguncia, tierra de impresores, a principios del siglo pasado. Seis personajes en busca de la razón de  sinrazón. El mundo de los libros paso a paso, desde cuando se imaginan hasta el momento mismo de ir a parar a los estantes. Seis historias librescas unidas por la desazón y la tristeza. Librero, editor, impresor, corrector, escritor y lector; todos citados para hallarle fin a una vieja pregunta que acosa en las calles donde ocurre esta historia: hay un solo texto desperdigado en miles de escrituras? Una razón universal expresada y a su vez oculta en cada libro? En fin, un librito sorprendente y como todos los que se quedan en la memoria, lleno de la gracia de involucrarnos en una aventura.