BILLY BATHGATE – E.L. Doctorow – Planeta, 1990.

Por Tomás Ferri

Cuanto hizo fue una y la misma cosa, asesinar y hablar de ello; nunca le faltaron las palabras, por mucho que a veces lo disimulase. Y aunque el monólogo de su propio asesinato es de una pasión críptica, no es poesía; la verdad es que vivió como un gánster y hablaba como un gánster, y cuando murió, sangrando por los agujeros supurados del pecho, murió a medida que iba manando el gansterismo que había en él, murió derramándose en palabras, como si la muerte fuese un írsele a uno el ser por la boca, o como si estuviésemos hechos únicamente de palabras y al morir el alma del lenguaje se decantase en el universo.

E.L.Doctorow

Billy es un joven de quince años del este del Bronx en la depresión de los años los treinta. Sin padre, con una madre que exhibe una sospechosa cordura. En las vacaciones escolares del verano no hace otra cosa que holgazanear (pasar el tiempo haciendo juegos de malabares con lo que encuentra por ahí) y fantasear, como todos los otros adolescentes, con que alguna vez el señor Schultz, El Holandés —uno de los más tristemente celebres jefes del hampa neoyorkina de la época de Lucky Lucinano—, se fije en él para hacer carrera en la banda, una de las pocas posibilidades que tienen los de sus vecindarios de ganarle la partida al destino. Los malabares que Billy hace, como un truco del azar, lo llevan al corazón mismo de la banda de El Holandés. Como aprendiz y protegido, es testigo de la caída de uno de los mafiosos más temidos de su época. Billy arranca su vida con un ritmo trepidante en medio de asesinatos, dólares que no paran de circular, camaleónicas mujeres que se adaptan a cualquier situación, políticos —sin adjetivos, sencillamente políticos—, gánsters con sus propios “códigos de honor” y, por sobre todo, el peligro y el delirio propios del mundo del crimen. Billy, que está dando el salto de la adolescencia a la adultez por el camino del riesgo y la emoción que produce la aventura, nos ofrece un asombroso retrato —fiel y a la vez crítico— de la brutal vida del hampa que nos hipnotiza desde la primera hasta la última página.

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