El último dinosaurio – Hunter S. Thompson. Gallo negro Ediciones, 2013.

 

Por Alejandro Torres.

Todos los ávidos de viajes al fondo de los paraísos artificiales, las carreteras gringas y la locura, deben ya estar sobradamente enterados de el cazador Thompson ( autor de clásicos como Miedo y asco en Las Vegas, La gran cacería del tiburón o Los diarios del rón) uno de los últimos grandes del periodismo norteamericano y referente obligado a la hora de hablar de vivir al extremo del extremo.

De la máquina del tiempo, Gallo negro, una de esas editoriales que le apuestan al raro del famoso o que prefieren escarbar a fondo para sacar un libro que todos esperábamos pero no sabíamos su nombre, nos trae a Hunter S. Thompson desde el otro lado; entrevistado, acosado por preguntas. No puede esconderse y nos va revelando sus aficiones, su historia personal, su relación con las drogas y esa rara disciplina del abismo que lo mantuvo en el juego aunque todos le auguraban menos años de los que llegó a cruzar.

Otro costado interesante, más allá de los esperados apartes sobre su creación literaria y su pasión por los reportajes de largo aliento, son sus eternos coqueteos con la política, esa chica que siempre le dio con el guante en la cara pero que le dio forma a su carácter mientras aprendía que vivía en un lugar que detesta a los viciosos de tan viciado que está.

No teme responder sobre su filosofía del riesgo, sobre un género que inventó sin saberlo, sobre el famoso periodismo “gonzo”, un cliché no acuñado por él y sobre sus amadas armas. Thompson solo temía no incendiar lo suficiente y quedarse sentado viendo pasar las horas. Era la clase de tipo que sufre de mucha Stamina pero de esa clase que no son pulgas en las nalgas sino hormigas en la mente; de esas solo aplacables creando o consumiendo hasta el último gramo de lo que sea que las calme. Un excelente viaje al fondo del último atrevido de las letras norteamericanas; no porque no haya otros tan  buenos en su oficio, solo porque rara vez aparece tal nivel de intensidad para vivir el oficio. Tanto como para rozarse de hombros con la muerte a fin de lograr el efecto deseado en esas frases que golpean el rostro del lector antes del punto final. No todos los hombres han venido a consumirse de la misma forma.

Si les quedó sonando el autor, les recomiendo este documental

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