The Pervert’s Guide to Ideology (documental) – Sophie Fiennes. U.K., 2012

Por Alejandro Torres

Como una secuela esperada de parte del Esloveno más famoso, aparte de los músicos de la agrupación de música industrial Laibach, Slavoj Žižek, Filósofo donde los haya, nos mueve otra vez. En esta ocasión vuelve a demostrar a través del cine cómo obran los mecanismos inconscientes que construyen las ideologías y cómo nos es casi inevitable caer en la trampa. Existe una zona de placer donde se han asentado con facilidad nuestras percepciones sobre lo que ocurre a nuestro alrededor y nuestras acciones y pensamientos; nuestros miedo y sueños. Esa zona es un otro que nos tranquiliza, nos anestesia y nos sirve para no hacernos preguntas de más. La ideologías son la creencia. El psicoanálisis lacaniano va evidenciando cómo en realidad siempre estamos solos con nuestros actos pero, de haber algo o alguien que los avale, la sola imaginación ha servido durante siglos; la religión crea la bisagra entre lo pensado y lo hecho y si sucesivamente, vamos creando otros invisibles que tengan la cualidad especial de hacernos sentir bien. La mercancía tiene un encanto que solo desaparece si arrancamos de cuajo la etiqueta; los totalitarismos solo se sostienen en ese fantasma, esa ilusión radical contra la que lucharon Mao y Stalin si saber que la encarnaban tan bien y de tantas formas como solo el capitalismo podría haberles enseñado. El Capitalismo que, como siempre, ha sabido ser crisis y salida de la crisis. Esta tensión interminable en donde la Izquierda auguró el fin, fue solo la utopía última del mercado; hacernos sentir cerca del cambio de tal manera que ese ardor fuese el nuevo traje del emperador. Un totalitarismo de consumo; una mercancía tan avanzada que fuese capaz de robar el alma mientras te digan que ella va a un buen lugar para que la entregues en medio de cantos. Slavoj  Žižek sabe que hoy Koba se vestiría de Prada y tomaría café en Starbucks. Sabe también que la frontera es vendernos la soga y que con gratitud nos ahorquemos. Que la única salida puede ser aprender a ser perversos en nuestra lectura de las imágenes y que ridiculizando el mercado mientras mercamos, quizá aún quede espacio para la mejor distopía jamás escrita: esa donde el capital baile tanto que empiece a dar muestras de que está ebrio y no le cabe una copa más de nuestra sangre. Mientras Rammstein y Laibach siguen sin ser entendidos. La mejor forma de eludir lo totalitario, esa gran iglesia donde sabemos que no habrá milagros, es hacerlo explotar desde dentro, Teatralizar hasta el absurdo su comedia. Algo distinto de pensar que pensamos correctamente solo porque no hicimos fila en Starbucks y Facebook está muy a mano para sentirnos menos ovejas de lo que ya somos. Es la clásica imagen del delfín eviscerado que nos produce asco pero solo lo apoyamos desde casa porque así nos sentimos mejor pero en el fondo sabemos que no sirve de nada. Es solo paz de heroinómano: ya vendrá la necesidad de un poco más. Cuántas vece no hacemos fila para pagar? El control de nuestras vidas habita justo en eso que descarnado, nos daría miedo. Solo sus contornos suaves bastan para mantenernos entretenidos. La ideologías son estadios fluidos de nuestros sueños en la vida real. Inermes por costumbre y comodidad, dejamos que algo más disponga mientras creemos haber arrojado la moneda y escogido, de paso, la cara por la que cayó.

En caso de que les haya quedado sonando este documental, ahí se los dejo

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