Donde viven los monstruos – Spike Jonze. USA, 2009

Por Mauricio Vargas Herrera.
Pocas películas se balancean en la difícil cuerda que pende entre públicos de edades diferentes sin llegar a decidirse por uno en concreto. “Donde viven los monstruos” es una película aparentemente infantil que no es del todo para los niños, pero tampoco es exclusivamente para los adultos. Sin embargo, podemos decir que calará mejor en la mente de los mayores que, no se sabe cómo ni cuando, decidieron que saben a la perfección cómo funciona la mente de los más pequeños.
A ellos no se les debe subestimar. Sus mentes captan con facilidad todo lo que gira a su alrededor. Los mundos que imaginan funcionan como escape al torbellino de emociones con las que deben lidiar en secreto. La soledad, el rechazo, ser diferente, son preocupaciones que, como seres humanos, los afectan. Pero ellos no se derrumban sino que asimilan tales cosas y luchan contra ellas, ya sea en secreto o manifestándolo a gritos. Max, el protagonista de esta emotiva cinta, lo hace de ambas maneras. El mundo real y cotidiano es ajeno a él y en un estallido de ira, provocado por la incomprensión de los otros, huye a otro mundo en donde puede hacer frente a esos dilemas que lo aquejan. Es una isla en donde habita una pequeña comunidad de monstruos. Allí será proclamado rey. ¿Es un mundo imaginado por él y repentinamente materializado? ¿O acaso existe de verdad? Es desición del espectador. Lo que sí es cierto es que aquella isla de acontecimientos inesperados y parajes sin sentido es la herramienta por la cual el pequeño trata de comprender el complejo mundo interior y exterior al que pertenece.
Desconozco cómo reaccionaría un niño frente a esta película, pero de algo estoy seguro: el adulto se dará cuenta de que las mentes infantiles pueden ser incluso más complejas que lo que sospecha.
La película está basada en el libro homónimo de Maurice Sendak. Su historia causó revuelo, quizá por el inesperado nivel de madurez siendo un libro para los más chicos. Pero el autor bien lo dijo: “Los adultos son personas que tienden a sentimentalizar la infancia, a ser sobreprotectores y a pensar que los libros para niños han de amoldar y conformar la mente a los modelos aceptados de comportamiento, logrando niños sanis, virtuosos, sabios y felices”.
La película revela esta gran verdad.

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