LA CASA DEL HAMBRE – Dambudzo Marechera. Sajalín Editores – 2014

Por Tomás Ferri

 

Se aprende mucho de la gente observando simplemente

qué es lo que no quieren saber. Dambudzo Marechera

 

Hay tantas cosas que no queremos saber o que simplemente pensamos que es mejor no saber. Pero —queramos o no— están, forman parte de nuestra historia-vida. Si pensamos en la historia como el libro de la cronología de la humanidad ilustrado a color y con olor, ¿de qué color estarían pintados los sucesos? Marechera nos diría que si abrimos el libro en un capítulo dedicado al paso de la Rodesia de Ian Smith a la independiente Zimbabue, por supuesto, encontraríamos el blanco y negro de la segregación pero sobre todo la gran mancha roja en relieve mientras “blancos y negros se desuellan los unos a otros”. ¿Y qué olor impregnaría cada una de las páginas? Marechera diría que todo el libro apesta, porque como él mismo reflexiona: “encontraba el concepto de humanidad, la raza humana, más atractivo que las personas reales”. La historia de él, o de cualquiera que él hubiera escogido contar, ahogada no solo por la segregación sino por una violencia cotidiana tal que hace que las películas gore sean oasis para nuestros sentidos, nos duele página a página con palabras que hacen de piedras que nos ha lanzado, no para agredirnos, sino para obligarnos a saber:

“…alguien te vacía un orinal lleno de eslóganes en la cabeza. Hay mucha ira que no te lleva a ninguna parte. Hay demasiada consideración que tampoco te lleva  a ninguna parte. Son billetes a ninguna parte. Todo lo es. Y luego están los peces gordos. Siempre habrá peces gordos que excavarán letrinas para que tú y tus hijos os caigáis en ellas. No me llama la atención ningún sistema, por muy lascivo que resulte. Me contento con joderme a mí mismo en un rinconcito verde y tranquilo, y cargar con mis pelotas hacia el gran viaje más allá de la muerte. Ahí fuera hay gente hambrienta. Ahí fuera hay gente sin techo. Hay muchos que se pasean con los harapos de su traje de cumpleaños. Y están todos locos. Todos tienen planes. Tú tienes planes. Yo tengo planes. Pero todos estamos haciendo planes en un océano lleno de mierda. Hay nubes de moscas allá donde vayas, moscas que devoran a nuestros muertos. Hay ejércitos de gusanos que se arrastran por nuestra historia. Y hay escuadrones de mosquitos acampando en la cuna de nuestro futuro. ¿Qué hacemos? Aferrarnos unos a otros hasta ahogarnos, y si aniquilarnos no nos sale bien, las congregaciones de misioneros y los loqueros se encargarán de hacerlo, apoyados por la policía, el ejército, Australia, Nueva Zelanda, Gran Bretaña, China, Estados Unidos, Francia y los alemanes de mierda. ¡Los pobres no somos los únicos que tenemos planes!”.

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