Marvel: The Characters and Their Universe : Collectors by Michael Mallory. Hugh Lauter Levin Associates, 2002.

Por Alejandro Torres.

Ya sé que siempre puede ser uno tachado de pro-gringo cuando escribe sobre estas cosas. No faltará quien piense que uno adora a Estados Unidos y puede que tenga razón hasta cierto punto. Valdrá la pena recordar que los que nacimos hace más de treinta años en la ciudad, fuimos criados por esa gran teta de cristal que amamantó nuestra  imaginación: la Tele. Uno se levantaba a las siete de la mañana los sábados a mamar un poco más; con los ojos bien abiertos y en plan pijama, esperaba con ansiedad a los de “tierra de gigantes”, “Los pitufos”, “Transformers” y, cómo no, la liga de la justicia. Ver dibujos animados de superhéroes era, no se si aún es, un asunto de devoción. Cuando uno está pequeño el mundo no esta desencantado como ahora que uno busca con quien hablar de bobadas y cosas del pasado. De la televisión que era un largo enlatado de programas viejos gringos y de las revistas de héroes como Spiderman o Batman, se nutrían nuestras cabezas. Puede que nos hayan alienado pero por encima de todo aprendí a apreciar el esfuerzo detrás de este arte popular. En una ocasión estuve en una cama de hospital con una quemadura seria que me dejó fuera del ring quince días a los seis años. Sin nada qué hacer y limitado a esa pequeña jaula de ascepsis, los comics me salvaron. Desde entonces los leo y los colecciono. Michael Mallory puede tener la clave de esta pasión. Lentamente nos va revelando cómo los superhéroes se tomaron al pueblo. Cómo detrás de cada uno hay algo de cierto; algo de historia. Uno queda sorprendido cuando indaga sobre el Capitán América y su creación con el objeto de animar a la gente en tiempos de la segunda guerra. No quedan intenciones ocultas. Es verdad que uno podría haberse casado sin querer con los valores equivocados pero peor sería no notarlo nunca. Este libro no trata de elogios sino de historia. En él se contiene un trozo de la aventura de la sociedad norteamericana y de cómo los comics funcionaron, también, como forma de cohesión aunque también de refuerzo sobre su hipervalorada idea de la justicia, la libertad y tantos otros engaños. Sin embargo, no solo hay de eso en una historieta. También está el mundo y la vida cotidiana. La lucha diaria, la fantasía y el arte con su capacidad de enseñarnos a volar. Mallory ha puesto en nuestras manos un cuento largo, desde la novela pulp hasta el cine. Desde el primer superhéroe hasta los juegos de video  Un verdadero homenaje a un género estético que atraviesa barreras culturales y que se instalado en el alma de muchos que también creemos que los héroes de papel anidan en cualquiera que hace algo por los demás por el simple hecho de que vale la pena.

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