El hombre disconforme, o El inadaptado (película) – Jens Lien. Noruega, 2006.

Por Edgar Díaz.

Muchos tendrán su idea de infierno. Los habrá profundos, ardientes, sombríos; según credo, denominación o cultura. Para Andreas resultó ser gélido, pululado de rostros de gentileza automatizada y carente de sabor alguno. Podría decirse que el idílico modus vivendi de la urbe en la que nuestro sujeto experimental se desempeña en sumamente envidiable: un trabajo de ensueño con un salario exorbitante, un apartamento amueblado con todos los lujos posibles, una vida social nocturna plena y activa. No obstante, bajo este suntuoso manto de perfecciones, sobresale el abyecto retrato de un entorno superficial en su cotidianidad, donde el sexo irreflexivo es tanto o más insípido que los alimentos y bebidas. Incapaz de poder encajar, Andreas emprende una bulliciosa búsqueda, de un túnel de escape para ponerse en fuga del aquel aterradoramente perfecto lugar que mantiene enajenados a sus habitantes motivo por el cual es exiliado por su impenitente proceder al preferir los canturreos de los niños, el postre de la abuela y la calidez de una melodía; ante el banal y repulsivo imperio de lo imperecedero.

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