Aparecidos (película) – Paco Cabezas. España, 2007.

Por Alejandro Torres.

Es raro que un director aborde en clave fantástica el tema de los desaparecidos durante la dictadura de la junta militar en la Argentina. Sin embargo, aunque puedan surgir resquemores en cuanto a posibles faltas de respeto por lo delicado del tema, toda la crítica solo podrá enfocarse, más allá del abordaje, al asunto puramente cinematográfico. La historia de un par de hermanos envueltos en un viaje casi sin regreso al fondo del terror de la memoria, entroncado con una mirada leve y ficcional al tema de las torturas y desapariciones practicadas a militantes y miles de inocentes en la época de Videla, nos propone una narrativa desde el Thriller para aproximar a estas generaciones a un tema espinoso. No creo que se haya logrado del todo y menos que esa haya sido su intención. Sospecho más una oportunidad aprovechada débilmente: la del horror que vivieron los argentinos como grito que no debe callarse, pero narrado desde la óptica del cine de suspenso fantástico. Como si los fantasmas de la dictadura también andasen rondando las calles argentinas. De todas formas uno podría apostar por la intención de la metáfora posible y, desde allí, la figura del torturado, obraría como un motivo plausible para hacer cine de terror con un motivo real desde un enfoque irreal. Habrá quienes consideren válido el símil de fantasma/aparecido con el del desaparecido que quedó en el limbo de la historia fracturada de las miles de familias que sufrieron la dictadura (ya lo hizo con la guerra civíl Guillermo del Toro); así como detractores en favor de un respeto por la memoria de los más de 30000 que parecen una generación entera arrojada a la ignominia. Me considero a favor de mantener viva la discusión y la posibilidad de justicia (en esta historia hay algo de eso), siempre que no se desdibuje en aras del arte la construcción constante de la historia. Al fin y al cabo lo que queda es el documento como prueba del ensayo constante del rescate y la lucha contra el olvido. Puede que en particular este no sea el mejor ejemplo de narrativa en torno al tema pero, como decía Walter Benjamin, todo documento de civilización es también un documento de barbarie. Será el tiempo el que aquilate esta película rara y un tanto descocida como el intento que fue de aunar dos tipos de horror: el vivido y el ficticio. Siempre uno alimentando al otro. Siempre el real superando con tristes creces al otro.

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