Todo está iluminado (película)- Liev Schreiber. USA, 2005.

Por Alejandro Torres.

Coleccionar, de acuerdo a esta peli, también alude a un deseo de recordar, de mantener viva la memoria. Para quienes nos conocen íntimamente muchas de nuestras cosas carecen de significado y así mismo los objetos de otros nos resultan superfluos, opacos. Qué es lo que dota de vida y crea vínculos fuertes entre la gente y sus cosas? Creo entender que se trata del hálito con que las llenamos, de la fuerza de la historia que las mantienen a nuestro lado. De todo lo que implica una cajita de fósforos vacía que nos lleva cada vez que la miramos a ese espacio-tiempo donde ella compartió un momento caro en nuestras vidas. Ese es el secreto de esta película basada en la novela de Jonathan Safran Foer. Un homenaje a la memoria y a las cosas pequeñas que tienen gran significado y que, aunque carezcan de un valor más allá de nuestra mesa de noche, nos resultan como cicatrices que prueban nuestra existencia, que están iluminadas por el aura de la memoria y por ello nos parecen vivas. Una mañana Jonathan, judío y coleccionista de objetos familiares, recibe de manos de su abuela y para su colección, una foto antigua de su abuelo junto a una mujer en los campos de Ucrania, meses antes de que su pueblo fuera asolado por el ejército alemán en la segunda guerra. esta foto lo llevará a un viaje en busca de la memoria más profunda de su familia y que hizo que el naciera en otra lugar, lejos del origen de su familia. En el viaje está la respuesta a su colección y a su vida. Un viaje es siempre una ruptura en el devenir y sin embargo también va tejiendo recuerdos, historias para coleccionar y mantener vivo nuestro mundo por pequeño y banal que fuere.Qué sería de la gente sin esos insignificantes que preñan de alegría y sentido su exigua provincia? Excelente para cualquiera que se cuestione por el valor de lo que no pesa pero significa demasiado en la vida de un hombre. por múltiples razones, creo que este ejercicio narrativo le interesa a historiadores, sociólogos y demás aves interesadas en los objetos como documento social. Walter Benjamin,  Giselle Freund, Joan Carles Melich, E. Gombrich, E. Levinas y otros genios hubieran disfrutado con esta pequeña historia.

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