Los Pichiciegos – Fogwill. Plaza & Janés, 2001.

Por Alejandro Torres.

Se nos fue el año pasado, Fogwill, ese escritor porteño que hizo de su nombre una marca registrada, como publicista que era. Tuve la inprobable fortuna de verle y no reconocerle en uno de esos viajes a buscar sustento. Se lo llevo su pasión por el tabaco y el desenfreno metódico con que vivió. A cambio de tanto bombo calculado y su estrambótica personalidad, nos dejo esta, sin duda, su mejor novela. Afirmaba que había visto la guerra de las Malvinas en un sueño que luego fue un cuento y que más tarde es esta novela que dibuja desde un ángulo insospechado un retrato macabro de unos soldados ocultos entre la nieve. Uno queda con la impresión de ir entendiendo la novela en un Ralenti de la memoria tardía. Empiezo a recabar en sus palabras y voy viendo ese pasado oscuro cada vez más claro. La guerra no vale la pena y así se lo toman los pichi ciegos, esos topos de verde argentino, ocultos en las trincheras y aguardando, sin luchar, a que ese malentendido de la estupidez humana termine y con él poder salir otra vez al sol. Uno llega a sentir el hielo mientras lee. No cabe otra cosa más que presionar para que este grande vuelva a ser leído. Desconocido en nuestro ámbito, no faltan sus libros y estamos por ver sus lectores. Cada tanto alguien me sorprende en este inmenso mar de letras insípidas con unas gotas de frescura. Fogwill, ojalá tu cielo incluya mares, libros, mujeres y cigarrillos. Claro está, fuego para encenderlos, también.

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