Rosarigasinos – Rodrigo Grande, 2001.

Por Alejandro Torres.

Qué hacemos si, fruto de un mal paso, se nos enredan treinta años de nuestras vidas? Si se quedan por el camino nuestros amigos afuera, nuestro amor afuera y sólo nosotros estamos detrás de las barras de una sociedad que no entiende? Que ya no le importa desechar un hombre por un error? Rodrigo Grande me enseñó una verdad con esta peli ya vieja pero nueva para mí: el encanto de la amistad y la fuerza de creer que todo no se va por el caño a menos que hayas perdido la fe en esa luz que brilla más allá de las cárceles que nos atrapan.

Este cuento de un par de músicos tangueros y fracasados que han dado con sus huesos a la cana por tres décadas y que se sostuvieron a punta de una ilusiónes; que salen luego de media vida a la sombra pa ra seguir perdiendo, es de las odas sencillas que me han sorprendido aunque sea una década más tarde. Se van a fascinar con la recuperación de esa jerga maleva del hampa argentina. Llena está la peli de este dialecto callejero que te pierde y te confunde pero que te maravilla al ver la facilidad con que un par de viejos del cine se apropiaron de este caló para dar  una pimienta exquisita al film. No les cuento la trama pero si de algo les sirve, uno siempre se sostiene en la fe de sus buenos días; de sus buenas cosas y de la buena gente conocida.

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