Creía que mí padre era Dios – VV.AA. Paul Auster (editor); Anagrama, 2007.

Por Alejandro Torres.

Tal como indica en el subtítulo de entrada a este libro en apariencia gordo, son una serie de relatos de la vida americana. Bueno, de la vida de los norteamericanos. Lo lindo de este volumen es que se reconcilia uno con las historias cotidianas. No son esa serie de lloriqueos gringos, su belleza es absoluta en tanto son reales, sencillas y fuera de todo lo literario.

Paul Auster se metió a un proyecto divertido de recoger peripecias de gente común y el resultado es grato, un montón de cosas tristes y divertidas a un tiempo; con ese sabor de que podrían ocurrile a cualquiera de nosotros. Uno lo coge como medio desconfiado y diciéndose que está frente a un intento más de sacarle jugo a un nombre, pero no. Son el tipo de relatos que superan la literatura. escogidos con cuidado, se leen de un solo viaje. Cortos como las buenas historias y son como ver un viejo álbum de fotos. Sin duda, ya es raro que Anagrama nos sorprenda, pues está cayendo en su propia red de libro al margen y se repite en el deseo del editor. Sin embargo, este libro es en verdad único, como cada pequeño trozo de vida que recoge. perlas que se van pescando del fondo de un estanque que a veces no guarda nada y otras no invita a sumergirnos.

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