ADAMS – GEORGE SAUNDERS (USA)

Traducido por: Tomás Ferri.

Nunca pude aguantar a Adams y un día él está de pie en mi cocina, en pantaloncillos.  ¡Mirando en la dirección de la habitación de mi hijos!  Entonces, le doy un calvazo en la parte de atrás de la cabeza y abajo se va.  Cuando se levanta, nuevamente le doy un calvazo y abajo se va.  Luego lo hago rodar escaleras abajo a la mugre de principios de primavera y estoy como, si alguna vez de nuevo, lo juro por Dios, incluso no sé lo que decir, miserable mierda.

Karen llegó a casa.  La haló a un lado. El resultado fue: mantén las puertas cerradas, y si él está en casa los niños permanecen adentro.

Pero después de la cena pensé: ¿Un tipo entra en sus calzoncillos y yo estoy sentado hablando esto?  ¿Esto es amor? ¿Amor por mis hijos?  Porque ¿y si?  ¿Y si nos descuidamos? ¿Y si un niño sale o él entra?  No, no, no, estaba pensando, no es aceptable.

Así que me fui y dije, ¿Dónde está?

A lo que Lynn dijo, Arriba, ¿por qué?

Fui arriba y él estaba parado ante el espejo, todavía con sus malditos pantaloncillos, sólo que ahora tenía puesta una camisa, y nuevamente le di un calvazo cuando se estaba volteando.  Abajo se fue y trató de escurrirse fuera de la habitación, pero le puse un pie en su espalda.

Si alguna vez, dije.  Si alguna vez de nuevo.

Ahora estamos a pases, dijo.  Yo entré en su casa y usted entró en la mía.

Sólo que yo tenía pantalones, dije, y le di un mini-calvazo en la parte posterior de su cabeza.

Soy lo que soy, dijo.

Bueno, ¡eso fue el colmo!  ¡Ése admitiéndolo!  Luego, nuevamente le di un calvazo, mientras Lynn entraba, diciendo, Hey, Roger, hey.  Siendo Roger yo.  Y luego él se levantó.  Lo que me mató.  ¿Levantándose ése? ¿Contra mí?  Y estoy nuevamente a punto de darle un calvazo, pero ella se mete allí, como interviniendo.  Entonces, para darle nuevamente un calvazo tengo que, como empujarla por la espalda, y desafortunadamente se resbaló y al suelo cayó, y está como tendida allí, la falda levantada-¡y él está enfadado! ¡Enfadado! ¡Conmigo!  Ése en pantaloncillos, mirando la habitación de mis hijos, ¿y está enfadado conmigo?  Muchas veces, en la noche, he escuchado diversos calvazos y bofetaditas desde la casa de Adams, con ella jadeando, Frank, Jesús, soy una mujer, me estás haciendo daño, los niños estás mirando, y así sucesivamente.

Porque esa es la clase de tipo que es.

Entonces, le doy nuevamente un calvazo, y cuando ella se arrastra lentamente hacia mí, diciendo, por favor, por favor, tengo que empujarla hacia abajo, no de una manera cruel sino como permanece-allí, y es cuando, por supuesto, sencillamente mi suerte, los niños entran corriendo -esos niños Adams, debería decir, son unos pequeños artistas dramáticos, haciendo constantemente musicales en el patio trasero, etc., etc. -entonces, allí están, ya sabes, todos dramáticos: ¡Mami!, ¡Papi!  Y, O.K., eso fue desafortunado, entonces traté de marcharme, pero ellos estaban en la puerta, bloqueándome, como, Duh, no sabemos qué camino tomar, estamos pasmados.  Entonces me hice paso a empujones, sin rudeza, muy suave -lo sentí por ellos, habiendo escuchado en más de una ocasión a Adams vapuleándolos, también -pero uno cayó, simplemente en una rodilla, y la ayudé a levantar, ¡y trató de morderme!  Parecía que ella no sabía que era que, y dolió, y me puso loco, entonces me lancé sobre Adams, que se estaba acabando de levantar, y le di un debido calvazo en la coronilla de su cabeza, a cambio del mordisco.

Mantén tus malditos, dije.  Mantén tus condenados hijos de-

Luego, necesitaba aire fresco, entonces caminé alrededor de la cuadra, pero aún no estaba tranquilo.  Porque ahora comenzaba, ¿ya sabes?  Adams, allá, completamente emputado diciendo falsas cosas sobre mí a esos niños, lo cual, debido a lo que ellos habían visto (los calvazos) y lo que ellos no habían visto (ése en pantaloncillos, mirando a la habitación de mis hijos), probablemente se estaban tragando cada falsedad, y yo era como, grandioso, ahora ellos me odiaban, como soy el tipo malo en esto, y todo el verano va a ser travesuras, mi manguera rajada y jarabe en mi tanque de gas, o de repente nuestro perro con una marca de una quemadura en su panza.

Así que escribí estos volantes, diciendo, Que Lo Sepas, Tu Papá Estaba Desnudo De Pie En Mi Cocina, Mirando La Habitación De Mis Hijos.  Y pegué uno con cinta adhesiva en la puerta para estar seguro que ellos lo vieran cuando fueran a softball más tarde, luego atiborré su buzón de correo como con nueve, y en el resto taché “Tu Papá” y puse “Frank Adams” y los distribuí en los buzones de correo alrededor de la cuadra.

Toda la noche es llamada tras llamada de los vecinos, diciendo, ya sabes, llama a la policía, Adams necesita ayuda, es un bobo, siempre lo he odiado, quizá unos pocos de nosotros deberíamos ir allá, déjanos trabajar contigo en esto, no pierdas la calma.  Esa clase de cosas.  Que estaba muy, pero entonces salgó a fumar alrededor de la medianoche y ¿qué está mirando él, completamente rencoroso?  ¿Sus casas? No te tomes del pelo.  Está mirando mi casa, con esa mirada ardiendo de rabia, y yo estoy como, ¿Qué estás mirando?

Yo soy lo que soy, dice.

Estás jodido, digo, y me precipito a darle un calvazo, pero él se entra corriendo.

Y, con respecto a la policía, mi sensación era: ¿Qué se supone que debo hacer, esperar hasta que vuelva a mi casa, entonces llamar a la policía y esperar que él permanezca mirando la habitación de mis hijos, en calzoncillos, hasta que ellos lleguen?

No, lo siento, esa no es mi manera.

El siguiente día mí muchachito, Brian, está parado en la puerta de atrás, con su cometa, yo extiendo mi mano y reviento la puerta para cerrarla, diciendo, noo, noo sabes muy bien por qué no, campeón.

Así que allí esta mi pobre muchacho, cometa en el regazo toda la tarde, viendo un artística bobo en PBS diciendo, Sombrear Es Una Manera De Hacer Profundidad, ¿Qué Tal Si Lo Intentamos Hacer Relevante En Este Tronco Aquí?

Luego, el lunes por la mañana veo a Adams caminar hacia su carro y nuevamente me da ¡esa mirada ardiente!  Nunca había recibido una mirada tan odiosa.  ¡Y me hizo pistola!  ¡Como si él fuera el que estuviera en lo correcto!  Entonces me lanzo hacia él para darle un calvazo, únicamente que él se sube en el carro y arranca.

Todo el día esa mirada estuvo en mi mente, esa mirada de odio.

Y yo pensé, si ese fuera yo, si yo tuviera ese nivel de odio, ¿Qué haría?  Bueno,  una cosa que haría es contenerme y contenerme y luego una noche me desbordaría y entraría a hurtadillas en la casa de mi enemigo y lo apuñalaría a él y a su familia mientras duermen.  O les dispararía.  Yo lo haría.  Tendrías que hacerlo.  Es la naturaleza humana.  No estoy culpando a nadie.

Pensé, tengo que ser prudente y proteger mi familia o su sangre estará en mis manos.

Así que llegué a casa temprano y fui a la casa de Adams cuando sabía que no había nadie en casa, y recogí su rifle del sótano y sus cuchillos para carne y también sus cuchillos para mantequilla, los cuales pueden estar afilados, y también dos abridores de cartas y un pisapapeles pesado, el cual, si yo fuera él y hubiera perdido todas mis armas de fuego y cuchillos, definitivamente lo usaría para pegarle a mi enemigo en la cabeza mientras duerme, así como a las cabezas de su familia.

Esa noche dormí mejor hasta que desperté sudando, preguntándome qué haría si alguien entrará y, después de empujar al suelo a mi esposa y uno de mis hijos, robara mis armas de fuego y cuchillos y un cuchillo afilado, así como también mi pisapapeles.  Y me contesté: Lo que haría es mirar alrededor de mí casa, en frenesí, por otra cosa peligrosa, tal como pintura, tal como disolvente, tal como productos químicas para el hogar, y luego o bien timbro en la casa de mi enemigo con los tóxicos y les prendo fuego o vierto un poco en la piscina de mi enemigo, lo cual (1) podriría la recubierta y (2) enfermaría los hijos de mi enemigo cuando nadaran.

Luego miré a uno de mis hijos dormir y, oh dios mío, en ningún lugar existen niños tan dulces como mis hijos, y de pie allí en pijama, pensando en Adams de pie allí en pantaloncillos, luego imaginando mis hijos asfixiándose y vomitando mientras luchan por salir de la piscina, pensé, No, de ninguna manera, no voy a vivir así.

Entonces, entrando por la ventana que había forzado esa tarde, recogí todos los productos químicos para el hogar, y, créeme, tenía muchos, más de los que yo tenía, más de los que él necesitaba, tíner, pintura, lejía, gas, disolventes, etc.  Yo lo tenía todo como en nueve bolsas fuertes y hasta ahora comenzaba a subir las escaleras con la primera bolsa cuando aquí viene toda la maldita familia, cayendo sobre mí, incluso sus hijos, dándome una paliza con los ganchos de ropa y golpeándome con los filos de los libros y rociando laca en mis ojos, y también el perro mordiéndome, y rodando por las escaleras de su sótano pensé, Ellos están tratando de matarme.  Golpeando mi cabeza en el concreto del piso, vi estrellas, y pensé, No, realmente, me van a matar, y si me matan no más pequeña Melanie y yo comiendo del mismo tazón de maíz pira, no más pequeño Brian haciendo esa frente arrugada que hacemos de ida y vuelta cuando uno de nosotros hace una mala broma, nunca más Karen y yo acostados uno al lado del otro después de, mirando por la ventana, hablando de nuestros planes futuros mientras las aves de pico amarillo vienen y van al cable de la luz. Y luché con todo mi ser, pensando, Olvida como llegué aquí, estoy aquí, debó salir de aquí, tengo que vivir.  Y comencé a dar calvazos y a dar calvazos, y una vez que retrocedieron, con Adams y su muchacho de diez años apiñados sobre la más pequeña, quien desafortunadamente había volado relativamente lejos debido a una patadita que yo le había dado, saqué mi encendedor y prendí la bolsa, la bolsa de tóxicos, y me dirigí a la luz en la parte superior de las escaleras, donde sabía que estaba la puerta, y estaba la noche, y mi libertad, y mi hogar.

Un cuento de George Saunders.

Publicado en la revista The New Yorker el 9-16 de agosto de 2004

Traducción libre, con no más fin que la divulgación literaria, marzo de 2010 por Tomás Ferri.

George Saunders

Escritor americano de relatos cortos que ha publicado en prestigiosas revistas como McSweeney’s y the new yorker. También ha sido columnista semanal del diario inglés The Guardian, y ha sido galardonado con diversos e importantes premios literarios.  En español podemos encontrar dos de sus colecciones de cuentos; su primer libro Guerracivilandía en ruinas (Mondadori 2005) y su segunda colección de relatos, que fue publicado primero en español, y quizá su trabajo más sólido, Pastoralia (Mondadori  2001).

Pastoralia – Mondadori 2001

Nunca juzgues un libro por su cubierta…  los relatos que hay bajo esa inexplicable, por decir menos, cubierta desataron una avalancha de elogios:

“Una sorprendente voz afinada – elegante, oscura, autentica, y graciosa – simplemente contando la clase de historias que necesitamos experimentar en esta época.” Thomas Pynchon

“Embriagador.” Time Out

“Exuberantemente anormal…brutalmente cómico” The New York Times

“Exige ser releído inmediatamente” The Wall Street Journal

“Saunders es un provocador, un moralista, un fanático, un izquierdista, y un cómico, escritor cómico, y las historias en Pastoralia deleitan.  Tenemos mucha suerte de tenerlas.” Esquire

“La colección de historias del año…Pastoralia hace todo lo que una colección de cuentos se supone que tiene que hacer: toca al lector pero también provoca reflexión, alegría, y dolor.” Kansas City Star

“Un maestro para destilar los desordenes de nuestro tiempo en ficción.” Salon

“La visión satírica de Saunders de América es oscura y demente: también es feroz y muy cómica.” Michiko Kakutani, The New York Times

Los personajes de estos relatos son esos seres desafortunados que tratando de sobrevivir, de alguna manera, en esta vida contemporánea, se ven sobrepasados por ésta y su humanidad queda en un limbo.  Unos personajes trágicamente cómicos que pueden llegar a sobrecogernos debido a que entre más nos adentramos en sus psiquis más nos aterra el parecido que tienen con nosotros.  El primer relato, que le da el nombre a toda la colección, Pastoralia -que se desarrolla en uno de esos parques temáticos que nos han invadido-, utiliza uno de los elementos más recurrentes en la obra del autor: la jerga corporativa mezclada con el leguaje cotidiano, que es una de las herramientas que permite a Saunders valerse de lo que ha convertido en su sello personal: la sátira.

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