Me desperté en la ciudad equivocada…Alterado Ego de Tomás Ferri III


Por: Tomás Ferri

Ya estaba perdiendo el control.  De eso estuve seguro aquel día.  Nunca antes había querido estar en los Estados Unidos, pero aquel día me apetecía levantarme y dar una vuelta por la quinta avenida.  Así que me puse una camiseta de los medias rojas que me habían regalado tiempo atrás en una compra-venta de ropa de segunda, y que aún no había reestrenado.  Cuando cerré la puerta me di cuenta que nada marchaba sobre ruedas.  Ya los sonidos romanticones de las palabras me indicaban que nadie estaba hablando inglés.  Escuchaba algunos hablar en una lengua que si acaso podía tomar por francés y otros hablar un español con unos subtítulos poco comprensibles.  No tuve que caminar muchas calles para darme cuenta que no era la quinta avenida, era la calle del agrado.  ¿Qué podía hacer? ¿Irme de tapitas? Pero si no tenía un duro.  Lo peor del asunto era que no quería encontrarme con Gaudí.  Sabía que si me pillaba por allí tomándome una cañita me iba dar el coñazo.

Lo que me subió el ánimo fue que mi camiseta de los medias rojas desentonaba menos allí, quizá hasta podría ir a ver al español y hacerme pasar por republicano.  Pero era de noche y lo mejor sería ir de marcha a las ramblas.  Desistí porque nadie me garantizaba que a Gaudí no le gustara la marcha y ya no quería volver a aguantármelo.  Era un coñazo.  Lo más sabio habría sido volver a mi cuartucho y echarme a dormir, muy seguramente al otro día me iba despertar en otra parte.  Pero yo sabía de un sitio (muy cutre) donde no le fiaban al pesado de Gaudí y me fui para allí donde por otra parte seguramente tampoco me iban a fiar a mí.

Entré y aluciné.  Para mi suerte, por orden del generalísimo, había cañas gratis para todo el que hablara sólo en español.  Y yo hablaba sólo español.  Yo hice un brindis que no fue muy bien recibido; creo que confundí las Canarias con las Malvinas.  En fin, me senté en una mesa con muchos, a nadie pareció importarle.  Para mi sorpresa la mayoría no aceptaba la oferta del generalísimo y pagaban sus cañitas, yo si no tenia vergüenza alguna y además en el colegio hasta el lenguaje de las buenas maneras me había sido imposible.

Mi suerte no duro mucho.  Al generalísimo lo derrocó no se qué enfermedad subversiva y pararon de brindarme las cañitas gratis.  Peor que la noticia anterior fue que apareció Gaudí por la puerta.  No me pude escabullir al baño cuando ya estaba sentado al lado mío y pidiendo una botella de vino de la casa y dos vasos.  El mozo debería ser nuevo porque se la trajo sin poner ninguna clase de problema.  Me sirvió la copa sin los protocolos del catador, eso me tranquilizó un poco, siempre me ha molestado que la gente escupa sobre los manteles, así sea vino.  Gaudí estaba eufórico y ya había abandonado la idea de construir una torre como la de pizza pero recta.  El problema era que ahora quería construir una capilla, tremenda gilipollez.  Me dijo que el generalísimo la acababa de palmar y que muy seguramente el rey que retornaba al otro día de sus vacaciones en Portugal ¿o era en Italia?, en fin, que lo iba apoyar para congraciarse con la ciudad.

La verdad la velada no fue tan mala, peor si me hubiera tocado ir a Miami donde estaba exiliado Nixon.  Salimos abrazados para no perder el equilibrio.  Gaudí era joven e insensato (casi un chaval), incluso más insensato que yo, y eso es un punto alto.  Me mostró una montaña y me dijo que allá iba construir la iglesia.  No güey, allí queda mejor un parque (creo que yo ya lo estaba confundiendo con Zapata).  Y creo que me entendió a medias porque me dijo: si un parque Güell, un parc.

Casi no encuentro la entrada a mi cuartucho porque Gaudí tiene problemas espaciales, entre otros.  Me acosté en mi cama sin saber para donde se había ido mi acompañante, en esas tierras todos tienen quijotescos proyectos.  Para flipar.  Caí dormido al instante  y dormí todo el viaje trasatlántico; hasta me perdí las copitas gratis antecedidas por el te apetece de la moza de aero-república.  No me desperté con resaca.  Me desperté con hangover.  Lo único que pedí era no estar apartado en ciudad del cabo o, peor aún, tener que jugar cricket en las cercanías de Oxford.

(Alterado Ego de Tomás Ferri III)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: