Tipos de dolor, su duración e intenciones. – Dave Eggers. (USA)

Traducido por: Tomás ferri.

Ella está pensando sobre el dolor.  En un día, ella ha sufrido dos clases: a medio día recibió noticias de un horrible tipo de engaño, y a las 4:30 se le cayó una barra en su pie.

Ahora esta acostada en su sofá con hielo en su pie y con demonios volviéndola loca en su cabeza, girando, sus colas asomándose, sus risas llenas de malicia.  Ella está esperando, en su sofá, tratando de no agitarse demasiado.

Siempre ha pensado de sí misma como racional sobre el dolor.  Sabe que su duración es intrínsecamente limitada, que debe terminar en algún punto, por eso con el dolor físico siempre ha sido estoica y racional – hasta el punto que ha parecido, para los que la conocen, robótica, casi insensata.  Se ha roto sus miembros y tajado sus dedos y escasamente ha hecho algún gesto de dolor.

Sufrió una hernia de disco y el nacimiento de gemelos y en ninguno de los casos lloró o gritó.  Esto es porque sabe que cada minuto traerá una disminución del dolor, por lo que no ve ninguna razón de participar demasiado en el proceso.  Estará preocupada únicamente si el dolor no decrece en un sendero descendente más o menos constante – pero éste nunca se ha apartado de ese sendero descendente constante.

Sin embargo.  Sin embargo.  Sin embargo, el dolor mental es diferente.  Nunca ha recordado, con alguna claridad, el dolor que ha sufrido entre sus piernas o en sus miembros – la memoria del dolor físico es tan efímera: aun en las mujeres que tienen hijos múltiples – pero el dolor de las mentiras, el dolor de los insultos, de traiciones, abandonos y similares, estos dolores pueden regresar a ella, años o décadas más tarde, con una claridad increíble.  Y lo hacen, lo hacen, ¡lo hacen! Arremeten contra ella, sin vergüenza por ser tan viejos; tienen un sentido permanente y exagerado de su propia importancia.  Y ahora ella esta acostada en el sofá, cuidando desapasionadamente su pie, mientras su mente se está inundando, entrando en pánico por la nueva traición, la cual le llegó a ella hoy, en una tarjeta postal.

¡Era tan pequeña!  Cómo puede algo tan pequeño…  Una foto hermosa de Bucarest en un lado, y los más violentos garabatos en el otro –  ¡las más temerarias y desgarradoras palabras!  Sólo 22 palabras, estas la rasgaron y la destrozaron y sabe que nunca la dejaran. ¿Lo harán?  ¡Dios, este dolor!  Ella trata de trazarlo, calcular su vida media: ¿Por cuánto tiempo estas 22 palabras tendrán el poder?

¿Cuánto necesitará tomar, y por cuántos días o semanas, para dormir cada noche?  Mirará mucha televisión, verá muchísimas películas con sus amigos y conocidos y ex-novios y sola: le pedirá a cada amigo que tiene que se una a ella para cada almuerzo y comida y bebida: dormirá con cuatro hombres nuevos, tres de ellos amigos, uno de ellos su portero.  Y aun los demonios darán coletazos con sus colas y reirán sus risas, repitiendo las 22 palabras, siseando sus consonantes con gran placer.

¿Y el final? ¿Habrá un final para esto?  Ella  sabe que esta traición particular podría estar con ella por muchos años, y trata de aferrarse a maneras para expulsarla antes de que se prenda demasiado dentro ella.  Haría cualquier cosa, daría cualquier cosa,  para revertir los dolores; felizmente viviría por años, a ratos, con el dolor de la hinchazón de su pie si sólo pudiera saber que en pocas horas este engaño – ¡oh dios, ese diminuto, hombre grasiento cabrón! – pudiera ser contenido con la aplicación de hielo, las almohadas de apoyo, poniéndose rápido las medias calentadas en el secador.

Notas del traductor:

Publicado el 9 de abril 2005 en el periódico inglés THE GUARDIAN.

Dave Eggers publicó, desde el 27 de marzo de 2004 al 11 de junio de 2005, 112 cuentos breves En la sección Books de the guardian.

El escritor Dave Eggers es fundador y editor de la revista Mcsweeney´’s. Ha publicado tres novelas:

Una historia conmovedora, asombrosa y genial. Planeta (2001)

Ahora sabréis lo que es correr.  Mondadori (2004) y DeBolsillo (2009)

Qué es el qué (2006)

Traducción libre por Tomás Ferri con un único fin: la divulgación literaria.  Los derechos de autor están reservado, por lo tanto, la reproducción de cualquier tipo de este escrito debe contar con la autorización de su autor, Dave Eggers, o del periódico The guardian.

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