Memorias de un librero escritas por él mismo – Héctor Yánover. Anaya y Mario Muchnik, 1994.

Por Alejandro Torres.

Quiero empezar a contar cosas sobre este trabajo en el que caí, como muchos, por azar y en el que me he venido quedando hace ya una década corta, rindiendo homenaje a un librero de verdad; a uno de los que ya no vuelven: Héctor Yánover. Menos mal que, a pesar de estar muerto, nos ha dejado una especie de bitácora donde nos cuenta sus cosas de cada día para reír y pensar. nos cuenta de sus días malos y buenos; de las cosas infinitamente cómicas de los clientes; de la lidia con los ladrones y de las cosas buenas que siempre trae un buen libro. creo que puede inspirar otra vez, como me pasó un día, a que alguien se arroje a ganarse el pan vendiendo libros; nos pregunta sí somos de esos que pueden estar rodeados de taquitos de papel escrito durante días sin aburrirnos; si es así: mala señal. Síntoma inequívoco de dependiente de librería o, por lo menos de biblioteca. Libro de memorias perdurable, Yánover ha dejado para la posteridad desde su mostrador en pueyrredón-barrio Norte en Buenos aires, las instrucciones por si algún paisano pica la red y se le antoja arrojarse a ver si en treinta o cuarenta años de trabajo un buen día amanecen llamándole librero; ese día en que cada vez que un libro sale del estante de la librería no es más un peso en el bolsillo sino un amigo querido que uno dejó volar.

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