La Vida de los otros (2006)

Por Alfonso Castell

En plena guerra fría, en 1961, se construyó el famoso muro que separó a Alemania en República Federal Alemana (RFA) y República Democrática Alemana (RDA). Este muro simbolizó durante su existencia la represión de la que fue objeto no sólo el pueblo alemán sino todos aquellos que se hallaban tras la llamada “cortina de Hierro”, para sólo hablar de Europa. La Vida de los Otros, debut del joven director y guionista alemán Florian Henckel-Donnersmarck, se desarrolla en Berlin oriental, durante los últimos años de existencia del muro, vemos en este film cómo se llevaba a cabo la cacería de brujas, la persecución a supuestos (y otros no tan supuestos) enemigos del régimen, traidores y demás elementos indeseables para la RDA. La corrupción hace fiesta en medio de las apariencias de pulcritud del régimen socialista imperante. Georg Dreyman (interpretado por Sebastian Koch), un dramaturgo alemán que vive en Berlín oriental, y aparentemente entusiasta del régimen, logra filtrar un artículo sobre el suicidio en la RDA que será publicado en la vecina RFA, contribuyendo a las críticas generalizadas a la cortina de hierro y por lo cual se le intensificará la vigilancia de la que era objeto por parte de la Stasi (la policía secreta, que no tenía nada que envidiarle a su prima hermana, la Gestapo nazi y obviamente a su mentora la KGB soviética) y que cuenta entre sus filas con agentes perturbadoramente eficientes como el obsesivo Capitán Gerd Wiesler (pulcramente interpretado por Ulrich Mühe), quien comanda la operación en contra de Dreyman. En medio de la tragedia de Dreyman, se permeará, increíblemente, un poco de humanidad; tragedia que era representativa de la vivida en la RDA por ciudadanos que iban desde los pertenecientes a las grandes esferas de la vida política o los círculos intelectuales hasta el ciudadano común. La Vida de los Otros no presenta necesariamente un protagonista definido, lo cual, para mi gusto, es uno de los méritos del film; pero si buscáramos un protagonista, quizás sea la adversidad, la angustia de no poder hablar confiadamente con tu vecino, con tu amigo y hasta con tu mujer, la paranoia generalizada que se paseaba campantemente por todas y cada una de las manifestaciones de la vida en la RDA. Gran película esta que muestra un momento álgido de la transhistórica y transcultural represión.

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