El Campeón de Baile de Mupandawana – Petina Gappah (Zimbabue)

Traducido por: Tomás Ferri

Cuando los precios de todo subieron noventa y siete veces en un año, M’dhara Vitalis Mukaro salió de su retiro para hacer los ataúdes en los que enterramos a nuestros muertos.  En un espacio de sólo seis meses, se hizo famosos por partida doble, como el mejor fabricante de ataúdes en el distrito y como el campeón de baile de Mupandawana.

La fama es un concepto elástico, especialmente en un lugar como este, donde todos nosotros conocemos el olor de las axilas de los otros.  Mupandawana, nombre completo Gutu-Mupandawana growth Point [Punto de Crecimiento], es más grande que una aldea pero no es aún un pueblo.   Me he convencido que el gobierno llama Mupandawana un punto de crecimiento simplemente para distraernos de la realidad de nuestro mísero presente con las predicciones optimistas sobre nuestro prospero futuro.  Como ni siquiera es un pueblito, un pueblecito, o la mitad de una fracción de un pueblo, hubo mucho júbilo en la reciente ceremonia, donde se puso la primera piedra de una nueva fila de retretes Blair, cuando el comisionado de distrito compartió con nosotros su visión de estatus de pueblo para Mupandawana para el año 2065.  El nuestro es uno de los puntos de mayor crecimiento en el país, pero el único crecimiento real es en el número de gente esperando para comprar ataúdes, y la línea prolongada de jóvenes esperando abordar los buses de Wabuda Wanatsa y explotando con canciones Chimbetu todo el camino hacia Harare.

Usted no me encontrará uniéndome a esa cola para salir de Mupandawana.

Cuando el ministerio me envió aquí a enseñar en la secundaria local, sentí alivio de escapar de los dolores de cabeza de Harare con sus mujeres codiciosas, quienes no lo dejaran ir hasta que su billetera este vacía.

Mupandawana es el lugar perfecto para estudiar la vida,  la cual me parece que no es más que la culminación de una broma cósmica jugada por un ser particularmente mordaz.

Yo observo la vida, y enseño geografía a estudiantes cuyo único interés en mi materia es saber la distancia exacta entre Mupandawana y Londres, Mupandawana y Johannesburgo, Mupandawana y Gaborone, Mupandawana y Harare.  Si me preocupara bastante, les diría que no hay nada allá para darse prisa, kumhunga hakuna ipwa, como mi difunta madre solía decir.

Pero dejadlos ir, ellos se darán cuenta muy pronto.

La mía no es una vida solitaria.  En esos momentos cuando la soledad riñe conmigo, disfruto de la compañía de mis dos amigos, Jeremiah, quien enseña agricultura, y Bobojani quien va a donde Jeremiah va.  Y luego están los Indicadores de Crecimiento, como yo los llamo, la gente de Mupandawana cuyas vidas prueban mi teoría que la vida es una gran broma a expensas de la humanidad.

Tomen a M’dhara Vitalis, el fabricante de ataúdes.

Antes de retirarse, trabajó en una fábrica de muebles en Harare.  Había sido entrenado en los viejos tiempos.  M’dhara Vitalis nos contó en la primera ocasión que Jeremiah, Bobojani y yo tomamos con él.  “Si la pata de una de mis sillas los hubiera alcanzado en la cabeza, vapfanha, se hubieran despertado para contar la historia en el cielo,” dijo él.  “El presidente se sienta en una de mis sillas.  Roble real, vafanha, hice muebles de roble, teca, caoba, cedro, fresno chaiyo, incluso de pino Oregón.  No estos productos zhing-zhong de China.  Pueden parecer bonitos y llamativos pero se rajarán en un minuto.”

En esta mención de China, Bobo hizo una broma sobre el país convirtiéndose en Zhim-Zhim-Zhimbabwe porque el partido de gobierno había vendido el país a los chinos.  Para no ser superado, Jeremiah dijo, “Un grupo de partidarios de Zanu PF llegan a las puertas del cielo.  San Pedro está muy indignado, y va a consultar a Dios.  Dios dice, pero los partidarios del partido de gobierno también son mis hijos.  San Pedro va a traerlos, pero regresa solo, de prisa, gritando que se han ido, se han ido.  Cómo es que los partidarios de partido de gobierno desaparecen así no más, dice Dios.  Estoy hablando de las puertas del cielo, dice san Pedro.”

No reímos, manteniendo nuestras voces bajas porque el comisionado del distrito estaba sentado en la esquina bajo la ventana.

M’dhara Vitalis había deseado dejar las herramientas de su oficio y retirarse para responder al llamado de la tierra.  “Ustedes no saben lo afortunados que son,” a menudo se le oía decir a los compañeros que holgazaneaban por Mupandawana.  “Ustedes no tienen trabajo así que pueden arar sus campos.”

Él había pasado tanto tiempo en Harare que parecía no ver que las hileras para ser aradas eran pedregales. Cuando la lluvia llegaba, no había semilla, y cuando había semilla, no había lluvia. Incluso aquellos como Jeremiah, a quienes les gustaba tanto la agricultura hasta el punto que había comido libros todo el camino del college agrícola en Chibhero, habían dado su espalda a la tierra, en el caso de Jeremiah,  por escoger enseñar la teoría de la agricultura a niños quienes, dándoles incluso uno sobre ocho de oportunidad, pronto escogerían los empleos más bajos de mensajería en las ciudades que una vida labrando la tierra.

M’dhara Vitalis fue obligado a retirarse tres años antes de lo previsto.  Su empleador le dijo que la compañía estaba cerrando porque no podían permitirse la divisa extranjera.  No habría dinero para una pensión, se le dijo, el dinero había sido invertido en un banco cuyos directores habían escapado con el kwazvakarehwa a Inglaterra.  Se le había permitido quedarse con su overol, y se le había dado algunas de las herramientas que había usado en la fábrica.  Y ya que el dueño también estaba cerrando otra fábrica, una que fabricaba zapatos, a M’dhara Vitalis y a todos los otros empleados se le fue dado tres pares de zapatos.

Jeremiah, Bobo y yo lo vimos cuando se bajo del bus de Wabuda Wanatsa de Hanare.  “Treinta años, yakomana,” nos dijo, mientras sacudía su cabeza.  “Trabajas treinta años para una compañía y esto es lo que obtienes.  Shuwa, shuwa, pensión, yebhutsu. ¿Eh?  Zapatos, en lugar de una pensión.  Zapatos.  Estos, estos…”

Las palabras atrapadas en su garganta.

Ende futi dzinoshinya, todos los pares son la mitad de una talla más pequeña que la mía,” agregó cuando recuperó la voz.  Lo acompañamos en su sentimiento lo mejor que pudimos.

“Lo sentimos, M’dhara,” dije.

“Duro, M’dhara,” dijo Jeremiah.

“Fuerte,” dijo Bobojani.

Lo vimos alejarse cuidadosamente en sus zapatos ajustados, la bolsa plástica con los otros dos pares colgando de su mano izquierda.

“Pensión, yebhutsu,” dijo Jeremiah, e incluso con la lástima que sentíamos por él, nos reímos hasta que las lágrimas rodaron por las mejillas de Jeremiah y que tuvimos que recoger a Bobojani del suelo.

A pesar de no haber tenido una pensión real, M’dhara Vitalis estaba feliz de jubilarse.  A unos tres kilómetros del Punto de Crecimiento estaba su granja que él había construido con el dinero ganado en la fábrica, tres campos para la agricultura rotatoria.  Entre ellos, él y su esposa se las habían arreglado bastante bien, manteniéndola de alguna manera hasta que la sequia llegó en dos años consecutivos y la inflación se elevó y se disparó e hizo girar el techo del país.  M’dhara Vitalis regresó a Harare a buscar otro trabajo, pero ¿Quién quería un viejo como él cuando había millones de desempleados?   Buscó en todo Mupandawana y fue afortunado de encontrar un trabajo haciendo ataúdes.  M’dhara Vitalis era tan eficiente que hizo una pequeña contribución al aumento del desempleo en el país.  – su empleador encontró conveniente echar a dos de los otros carpinteros.  Y así fue como se volvió conocido como el fabricante de ataúdes con los dedos más agiles de este lado del Great Dyke.

Nosotros habíamos visto sus manos en el trabajo, pero de sus pies agiles y sus acrobacias en las pistas de baile de Harare, sólo habíamos escuchado.  Como la persona que nos contó estas historias fue el mismo hombre, no había razón para creer que él hablaba como alguien que aullara sus propias alabanzas.  Como dijo Jeremiah, “Hay demasiado condimento en las historias de M’dhara Vitalis.”

Todas sus hazañas parecían haber tenido lugar en el resplandor de la luz pública.  “Yo baile en Copacabana, Job’s Night Spot y en el Aquatic Complex.  Hay una noche que nunca olvidaré, cuando baile en Mushandirapamwe y la pista quedó despoblada de bailarines.  Todo lo que la gente pudo hacer fue ponerse de pie y observar.  Vakamira ho-o,” nos dijo.  Reímos en nuestras cervezas, Jeremiah, Bobojani y yo, pero, como pronto llegamos a ver, reímos demasiado y reímos demasiado pronto.

El patrón de M’dhara Vita era el miembro del parlamento por nuestra área.  Tan digno hombre de la gente, el Honorable tenía participación en las dos empresas más prosperas en el Punto de Crecimiento, luego las utilidades de Inversiones Kurwiragono que operaba bajo los nombres de Funeraria sin Materia y Proveedores de Ataúdes acumulaban intereses en la misma cuenta bancaria que aquellas de Inversiones Kurwiragono que operaban bajo el nombre Por qué Dejar la Casa de Huéspedes y Disco-Bar.  Y siendo uno a quien la fortuna le ha sonreído, naturalmente nuestro Honorable no podía limitar su prospera semilla a sólo una mujer.  Por qué Dejar era administrada por Felicitas, la cuarta esposa del Honorable, del tipo generoso que había puesto su granito de arena para hacer feliz a un buen número de hombres antes de acostumbrarse a una relativa domesticidad con el Honorable.  Como uno de aquellos felices hombres, conservo muy buenos recuerdos de ella, y a menudo entro en la Casa de Huéspedes por una copa y a pasar el tiempo.  Ella siempre está pendiente de la próxima oportunidad, Felicitas, que es como ella me vino a remplazar con el honorable, y ella decidió que lo que el bar necesitaba era un concurso de baile.

La primera vez que supe de él no fue por la propia Felicitas, sino cuando vi grupos de estudiantes cubiertos de polvo en el descanso bailando el kongonya.  Ahora, el sexualmente sugestivo kongonya es el baile escogido en las reuniones del partido del gobierno.  Por lo tanto pensé que debían estar practicando para una visita de otro dignatario.

Más tarde esa noche, cuando pasaba por la Casa de Huéspedes, vi otra multitud de niños bailando el kongonya, mientras que otro apuntaba hacia pared del edificio.  Intrigado por este estallido aleatorio de kongonya en la juventud de Mupandawana, me acerqué a la Casa de Huéspedes.

Los jóvenes se dispersaron cuando me aproximé, y vi que estaban admirando un cartel en el cual estaba representado el perfil de la silueta de una pareja capturada en la mitad de un baile.  La espalda del hombre estaba doblada hasta que su cabeza casi tocaba el suelo, mientras que su pareja, de una voluptuosidad que me puso en la mente a Felicitas, tenía sus manos en sus rodillas con su trasero casi tocando el suelo.

Bajo esta pareja extasiada estaban las palabras: Detalles completas del concurso para ser celebrado en quince días a partir de entonces, y los premios principales que se podían ganar, el más notable de todos era una bebida de la casa una vez a la semana por tres meses.

Mupandawana es un lugar de pocos nuevos placeres públicos.

En las siguientes dos semanas, el entusiasmo se intensificó y alcanzó su punto máximo la misma noche.  En sus ropas alegres y baratas, los de la alta y baja de Mupandawana se reunieron en el salón principal del Por qué Dejar la Casa de Huéspedes y salieron a la noche: ¡el solitario doctor haciendo penitencia en hospital de distrito, las enfermeras, los profesores, los guardias de seguridad, el tendero de Chawawanaidyanehama Cash and Carry y sus dos risueñas ayudantes, el Comisionado de Distrito con toda la majestuosidad de su ceño fruncido, los policías del campamento, unos pocos soldados, el Por qué Dejar la Casa de Huéspedes y Disco-Bar en asociación con el Consejo de Desarrollo del Distrito de Mupandawana se enorgullece en presentar la búsqueda de: El Campeón de Baile de Mupandawana.  Únase a nosotros para una noche de celebración y baile! ¡Sólo una noche!

Gentes de las poblaciones cercanas y distantes.  Tapeo de pies y movimientos impacientes y sacudidas mostraban que la gente estaba impaciente por comenzar, y cuando Felicitas prendió la música, no necesitaron más estímulo.  La música golpeó en la habitación, los Bhundu Boys, Alick Macheso y la Orquesta Mberikwazvo, Andy Brown y Storm, System Tazvida y los Retadores Chazezesa, Cephas ‘Motomuzhinji’ Mashakada y Muddy Face, Hosia chipanga y Broadway Sounds, Mai Charamba y los Pescadores de Hombres, Simón ‘Choper’ Chimbetu y la Orquesta Dendera kings, Tongai ‘Dehwa’ Moyo y Utakataka Express, y, como ningún evento podría estar competo sin él, Oliver ‘Tuku’ Mtukudzi y los Espíritus Negros.  Ellos cantaron sus himnos de celebración de lo que salió bien en la vida, cantaron sus lamentos, aun así bailables, lamentos de las cosas que salieron mal.  Y todo esto bailaron los Indicadores de Crecimiento, policía y maestra, enfermera y aldeano, mujer y hombre, joven y viejo.  Había kongonya, más kongonya, y naturalmente más kongonya – los partidarios del partido de gobierno en Mupandawana se extienden de manera tan densa como el oxido en el antiguo Peugeot 504 que el hijo del Honorable estrelló y abandonó en el Punto de Crecimiento Sadza.

Bobojani estaba allí con el mejor de ellos, arrastrando un píe lejos del Comisionado de Distrito, mientras Jeremiah y yo observábamos desde el bar.

Los Indicadores de Crecimiento se enorgullecieron.  El guardia de seguridad que vigilaba afuera de la Sociedad de Constructores bailó el Borrowdale incluso mejor que Alick Macheso, su inventor.  Dzinganisayi, ampliamente considerado el secretario general de la sucursal de ZATO (alias de la Asociación de las Organizaciones de Ladones de Zimbabue)  en Mupandawana demostró ser tan talentoso en la pista de baile como lo era haciendo desaparecer los objetos, ambos, cuidados y descuidados.

Nyengeterayi de Chawawanaidyanehama Cash and Carry se puso en cuatro patas e improvisó un baile que puso en peligro sus dedos, habida cuenta de los pisotones, de los pies bailando a su alrededor.

¿Y quién sabía que la profesora de nueva moda y tejidos podía mover sus caderas de ese modo?  Mientras la veía girar hacia Tuku, una agitación se despertó en mis entrañas, y comencé a reconsiderar los beneficios de su compañía a largo plazo.  Luego, con el rabillo del ojo, vi a M’dhara Vita entrar en el salón.  Estaba vestido con un vestido que declaró su cosecha alrededor de los 70s.  Los pantalones eran bota campana, mientras que su pretina que alguna vez debía haber ido pegada a su cintura y caderas estaba enrollada y amarrada a su cintura con un viejo lazo.  La chaqueta tenía dos huecos en la espalda.  Llevaba una camisa verde brillante con el cuello cubriendo el de su chaqueta.  En su cabeza tenía un sombrero de ese tipo raído que llevan hombres de su edad, pero el suyo puesto en un ángulo desenfadado, casi cubriéndole un ojo.  Y en los pies llevaba una tercera parte de su pensión.

Ko, Michael Jacksonka,’ dijo Jeremiah mientras nos codeábamos uno al otro.

M’dhara Vitalis nos dio un saludo casual con su cabeza mientras, sin mostrar señales de dolor en sus pies, caminaba lentamente a la pista de baile.

Y luego, él bailó.

El Borrowdale del guardia de seguridad se convirtió en tan sólo un Mbaresdale.  Los movimientos de Dzinganisayi resultaron ser de la categoría amateur.  Las innovaciones de Nyengeterayi dejaron ver que no eran más que ambiciones poco profundas de una juventud inexperta.  M’dhara Vitalis los sacó de la pista a las bandas donde estos se quedaron de pie mirando con el resto de nosotros.  Él conocía los últimos bailes, y también los viejos.  Nos dejo asombrados con su antílope reebok y su bomba de agua.  No dejo atónitos con su hombre corriendo. Nos mató con su robot. Y su baile de la serpiente y su break-dance nos hizo levantarnos y decir ho-o.  Su paseo lunar hubiera hecho al propio Michael ponerse de pie y decir ho-o.

La pista se despejó, hasta que únicamente él y la profesora de moda y tejidos estaban bailando.

M’dhara Vitalis estaba aquí.  La profesora estaba allá.

La profesora estaba aquí.  M’dhara Vitalis estaba allá.

M’dhara Vitalis movió sus caderas.  La profesora movió su cintura.

M’dhara Vitalis movió su cuello y su cabeza.  La profesora hizo una complicada pirueta con sus brazos.

M’dhara Vitalis hizo un lujoso juego de piernas, estilo mapantsula.  La profesora levantó su pierna derecha del suelo y sacudió su nalga derecha.

Y luego Felicitas puso Chamunorwa Nebeta y Glare Express.  Cuando los primeros sonidos de Tambai Mese Mujairirane llenaron el salón, vimos a M’dhara Vitalis transformado.  Meneó sus caderas.  Cerró sus ojos y silbó.  Nos dio la espalda y usando el hueco de la espalda de su chaqueta expuso su trasero mientras decía, ‘Pesu, pesu,’ moviendo su chaqueta primeo a un lado y luego al otro.

“Mira esa cintura,” le dije a Jeremiah.

“¡Chovha George!” dijo el Comisionado del Distrito.

“Si yo fuera una mujer” dijo Jeremiah.

Este último baile selló todo, la profesora de moda y tejidos concedió la pista.  Por aclamación popular, M’dhara Vitalis fue coronado Campeón de Baile de Mupandawana.  Fue una noche que Mupandawana no olvidará.

Esto fue tan así, que la amenaza sólo-una-noche del cartel se volvió realidad de una manera que Felicitas no había previsto.  Dos días después del triunfo de M’dhara Vitalis, el gobernador de nuestra provincia convocó nuestro Honorable MP a su oficina en Masvingo.  Un listillo, uno de los incontables hombres del ejército que eran pagados para ser ofendidos en nombre del partido de gobierno, había examinado cuidadosamente el cartel y había notado que las primeras letras de las palabras Campeón de Baile de Mupandawana [Mupandawana Dancing Champion] deletreaban el acrónimo del partido de oposición, el innombrable Movimiento para el Cambio Democrático [Movement for Democratic Change]  Naturalmente, eso tenía que ser transmitido por los canales adecuados.

‘Qué interés tiene el partido de gobierno MP en la promoción de la oposición, los títeres, aquellos liderados por los niños del té, los detractores que no entienden que la tierra es la economía y la economía es la tierra y que el país nunca será una colonia nuevamente, aquellos que buscan revertir la consolidación de los beneficios de nuestra lucha de liberación,’ esto dijo el gobernador, temblando de furia.  Sólo supe que él tembló de furia porque felicitas lo dijo, y ella sólo supo porque el Honorable le contó eso.

El resultado de esto fue que no hubo más concursos de baile, y M’dhara Vita, el fabricante de ataúdes, permaneció como el campeón imbatible de baile de nuestro Punto de Crecimiento.  Se tomó su premio una-bebida-a-la-semana para lo que valía, insistiendo en media botella de brandy Chateau sin diluir cada viernes en la noche.

‘¿Por qué no puede tomar Chibuku como un hombre normal de su edad?’ preguntaba Felicitas, de no muy buena gana, a lo que respondí que si él hubiera sido un hombre normal de su edad, no habría sido el bailarín que fue.

Para apreciar su habilidad hay que entender que era un hombre viejo.  No tenían certificados de nacimiento en los días que él nació, o al menos no para la gente nacida en las áreas rurales, por lo tanto cuando se capacitó para carpintero en Bondolfi y necesitó un permiso para trabajar en las ciudades, su madre había estimado su edad tratando de recordar cuantos años tenía él cuando la escuela de la misión había sido construida, a cuatro kilómetros de su aldea.  Siendo adecuado para alguien que sigue los pasos profesionales del más famoso carpintero del mundo, él había escogido el 25 de diciembre como su día de cumpleaños, por lo tanto su edad fue una selección al azar y bien podía ser mayor que su edad oficial.  Lo que estaba más allá de disputa era que el bailaba desafiando las arrugas alrededor de sus ojos.

Incluso si no hubiera obtenido sus bebidas en la casa, muchos de nosotros le hubiéramos comprado, sino su favorito brandy, una alternativa menos costosa.

No hubo más concursos ni más carteles, pero comenzamos a reunirnos en la Casa de Huéspedes cada viernes en la noche para ver a M’dhara Vitalis.  Impulsado por brandy del-fondo-del-barril y la música museve, su gimnasia daba color a nuestros grises viernes.

No fue diferente en ese último viernes.

‘Muchachos, muchachos,’ dijo él mientras se acercaba al bar donde yo estaba de pie con Bobojani, Jeremiah y un grupo de otros bebedores.

‘Ndeipi M’dhara,’ lo saludó Jeremiah de la manera casual como nosotros le hablábamos; nada de esa rutina de respeto-por-los-viejos con M’dhara Vita.  Contó un chiste a nuestra costa, y se lo devolvimos, se tomó su bebida, y avanzó a la pista de baile.  Felicitas llegó a comprender que era la rumba Congolese, la que demandaba cintura ágil y piernas de caucho, la que realmente lo hacía mover.  Así que esa noche, los Lumumbashi Stars sonaron a todo volumen cuando M’dhara Vitalis tomó el centro del escenario.  Se quedó de pie un rato, como para dejar el brandy y la música moverse a través de sus oídos y su boca a su cerebro y su pelvis.  Luego, encalló sus caderas para la rumba, todo el tiempo con los ojos cerrados, y sus brazos extendidos enfrente de él.

Ichi chimudhara chirambakusakara,’ silbó Jeremiah, haciendo eco de la opinión general que M’dhara Vitalis poseía el elixir secreto de la juventud.

‘Soy Vitalis, versión corta Vita, ilizwo lami ngiVitalis, peligro basopo. ¡Waya waya waya waya!’ Cayó al piso, rodó y se sacudió.  Nos aglomeramos a su alrededor, deleitándonos con este nuevo baile que no habíamos visto antes.  Se torció a la derecha, y a la izquierda.  La música estaba fuerte mientras lo incitábamos.  Convulsionó en respuesta a nuestros vítores.  Su rostro brilló, y nos miró como si dijera, ‘Aplaudan fuerte.’ Y lo hicimos.

Fue sólo cuando la canción terminó y le dimos una entusiasta ovación y no se levantaba aún que nos dimos cuenta que nunca se levantaría, y que no había estado bailando, sino muriendo.

Cuando M’dhara Vitalis dejo Por qué Dejar con los pies por delante, dependía de Bobojani, con su usual elocuencia, proporcionar un comentario apropiado en la noche del inesperado suceso.

‘Fuerte,’ dijo él.

No hubo mucho que agregar después de eso.  Lo enterramos en uno de los últimos ataúdes que hizo.  No sé si habría apreciado esa particular ironía.  Estoy seguro, sin embargo, que hubiera apreciado hacer la primera página de uno y el único diario nacional.

La historia de su muerte apareció justo debajo de la diaria imagen del presidente.  Si usted dobla el periódico tres cuartas partes de manera que esconda la historia en la que estaba hecha la alegre predicción que la inflación estaba en camino de bajar a dos millones, setecientos cincuenta y siete por ciento para el final del año, todo lo que usted vería sería la historia de sobre M’dhara Vita.  Escribieron su nombre como Fidelis en lugar de Vitalis, y lo llamaron pensionado cuando él no había recibido pensión, a menos, por supuesto, que usted cuente esos tres pares de zapatos.  Aún así,  el titular era correcto.

‘Hombre baila por sí mismo hacía la muerte’.  Eso, después de todo, es justo lo que hizo.

Reseña del Traductor:

La epidemia reeleccionista que sufren nuestros gobernantes en este lado del Atlántico, Ni siquiera se puede tildar de original.  Ya el continente africano ha sufrido por décadas este mal.  En Zimbabue, bajo el ya eterno régimen de Rober Mugabe (quién se ha hecho rerere…reelegir con su partido Unión Nacional Africana de Zimbaue –ZANU- y, por supuesto, cambiando la constitución para lograrlo) se tejen historia de la gente común que es víctima del absurdo de la política.  Historias que han sido capturadas, mejor que bajo un lente de una Canon A1, por Petina Gappah en una colección de 13 cuentos publicado por Faber and Faber en mayo de 2009 bajo el titulo: An Elegy for Easterly.  Con esta colección de historias ganó el 2 de diciembre de 2009 el Guardian First Book Award, convirtiéndose en el segundo libro de cuentos en ganar este prestigioso premio en el Reino Unido.

El cuento, El Campeón de Baile de Mupandawana, apareció antes publicado en Prospect y en The Zimbabwe Times.

Traducción libre realizada por Tomás Ferri con no más fin que la divulgación literaria.  Los derechos de este cuento están reservados por Petina Gappah.

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