Accidente – Dave Eggers.

Traducido por: Tomás Ferri.

Todos salen de sus carros.  Tú estás sólo en el tuyo, y hay tres adolecentes en el de ellos, un viejo Camaro en buen estado.  El accidente fue tu culpa, y caminas hacia ellos para decirles esto.

Caminando hacia su carro, el cual has arruinado, se te ocurre que, si los tres adolecentes son adolecentes rabiosos, este encuentro podría ser desagradable.  Entraste en una intersección, obstruyéndolos, y su carro golpeó el tuyo.  Tienen todo el derecho a estar disgustados, o furiosos, o incluso que contemplen violencia.

A medida que te acercas, ves que la puerta de lado del conductor no se abrirá.  El conductor presiona contra ella, y te recuerda las escenas donde los conductores están atrapados en carros sumergidos.  Pronto, todos ellos salen por la puerta del lado de los pasajeros y caminan alrededor del Camaro, inspeccionando los daños.  Ninguno de ellos esta lastimado, pero el carro está destrozado.  “Acabo de comprar este hoy,” dice el conductor.  Tiene 18, rubio, promedio en todos los aspectos.  “¿Hoy?” preguntas.

Eres una mala persona, piensas.  También piensas: que carro tan friqui para que un adolecente lo compre en el 2005.  “Si, hoy,” dice él, luego suspira.  Le dices que lo sientes.  Que lo sientes, lo sientes mucho.  Que fue tu culpa y que cubrirás todos los gastos.

Intercambias la información del seguro, y te encuentras, minuto a minuto, cada vez más agradecido que ninguno de estos adolecentes te haya dado un puñetazo, que ni siquiera hayan hecho un comentario de que estuvieras borracho, que no lo estas, o de ser estúpido, que lo eres, a menudo.  Te vuelves más simpático con todos ellos, y te das cuenta que estas mucho más conectado con ellos, especialmente con el conductor, que tal vez en ninguna otra manera posible.

Le has hecho a él y a sus amigos daño, en cierto modo, y pusiste en peligro su salud, y ahora están tan cerca que sientes que comparten un corazón.  Él sabe tu nombre, y sabes el de él, y casi lo matas y, porque te acercaste tanto haciendo esto pero no lo hiciste, quieres caer sobre él, llorando, porque estas tan solo, siempre tan solo, y todo contacto es contacto, y todo contacto nos hace tan agradecidos que queremos llorar y bailar y llorar y llorar.

En un momento de claridad, finalmente entiendes porque los boxeadores, que tanto quieren lastimarse uno al otro, pueden descansar sus cabezas en los hombros de sus oponentes, pueden apoyarse uno al otro como amantes cansados, muy agradecidos por un momento de paz.

Notas del traductor:

Publicado el 16 de abril 2005 en el periódico inglés THE GUARDIAN.

Dave Eggers publicó, desde el 27 de marzo de 2004 al 11 de junio de 2005, 112 microrelatos en la sección Books de the guardian.

El escritor Dave eggers es fundador y editor de la revista Mcsweeney´’s.

Traducción libre por Tomás Ferri con un único fin: la divulgación literaria.  Los derechos de autor están reservados, por lo tanto, la reproducción de cualquier tipo de este escrito debe contar con la autorización de su autor, Dave Eggers, o del periódico The guardian.

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