Ritmo, un relato de Charlie Chaplin (traducción Libre)

Traducción: Tomás Ferri

Tan sólo el alba se movía en la quietud del pequeño patio de aquella prisión española.  El alba anunciando la muerte, mientras el joven, leal al régimen establecido, estaba parado al frente del pelotón de fusilamiento.  Los preliminares estaban terminados.  El pequeño grupo de funcionarios había caminado hacía un costado para ser testigos del final, y ahora la escena se había tensionado en el siniestro silencio.

Hasta el final, los rebeldes habían conservado la esperanza que el indulto viniera del comando central, si bien el condenado era un enemigo de la causa, en el pasado había sido una popular figura en España, un brillante escritor de comedía, quien había contribuido mucho al regocijo de sus compatriotas.

El oficial a cargo del pelotón de fusilamiento lo conocía personalmente.  Antes de la guerra civil ellos habían sido amigos.  Juntos se habían graduado de la universidad de Madrid.  Juntos habían trabajado para derrocar la monarquía y el poder de la iglesia.  Y juntos se habían ido de juerga, se habían sentado en las noches en las mesas de los cafés, habían reído y bromeado, habían disfrutado noches de discusiones metafísicas.  Algunas veces habían discutido sobre las dialécticas de gobierno.  Sus diferencias fueron amigables entonces, pero ahora esas diferencias había forjado desdicha y agitación sobre toda España y había traído a su amigo a morir en las manos del pelotón de fusilamiento.

Pero ¿por qué pensar en el pasado? ¿Para qué razonar? Desde la guerra civil ¿Qué bien traía razonar?  En el silencio del patio de la prisión estos interrogantes pasaban febrilmente a través de la mente del oficial.

No.  Él debe dejar atrás el pasado.  Tan sólo el futuro importa.  ¿El futuro?  Un mundo en el cual estará privado de muchos de sus viejos amigos.

Aquella mañana era la primera vez que se encontraban desde la guerra.  Pero ninguna palabra fue hablada.  Únicamente una vaga sonrisa de reconocimiento pasó entre ellos mientras se preparaban para entrar al patio de la prisión.

De la sombría alba reflejos de plata y rojo echaban un vistazo sobre el muro de la prisión y respiraban un tranquilo réquiem al ritmo de la quietud del patio, en una rítmica pulsación en silencio como el latido del corazón.  Fuera de ese silencio la voz del oficial a cargo resonó contra los muros de la prisión: “Atención”

Con esta orden seis subordinados se llevaron con violencia sus rifles a sus costados y se atiesaron.  La unidad de su acción fue seguida por una pausa en la cual la siguiente orden estaba por ser dada.

Pero en aquella pausa algo pasó, algo que rompió la línea del ritmo.  El condenado tosió y aclaró su garganta.  Esa interrupción rompió la secuencia del procedimiento.

El oficial giró, esperando que el prisionero hablara, pero ninguna palabra vino.  Volviéndose hacía sus hombres nuevamente, estaba a punto de proceder con la siguiente orden, pero una repentina rebelión tomó posesión de su cerebro, una amnesia psíquica que dejó su mente en blanco.

Permaneció aturdido ante sus hombres.  ¿Qué pasó?  La escena en el patio de la prisión no tenía sentido.  Objetivamente vio sólo -un hombre de espaldas al muro frente a otros seis hombres.  Y el grupo allá al costado, cuan tontos parecían, como filas de relojes que de repente han parado de hacer tictac.

Nadie se movía.  Nadie tenía de sentido.  Algo esta mal.  Todo debía ser un sueño, y él debía espabilarse.

Borrosamente su memoria comenzaba a retornar.  ¿Cuánto tiempo había estado de pie allí? ¿Qué había pasado? ¡Ah, si! Él había dado una orden.  Pero ¿qué orden seguía?

Después de “Atención” era la orden “presenten armas” y después de esa “apunten” y luego “fuego”.

Una débil noción de esto estuvo en el fondo de su mente.  Pero las palabras por articular parecían remotas.  –dudosas y fuera de él mismo-.

En este dilema gritó incoherentemente, amontonadas palabras que no tenían significado.  Pero para su alivio los hombres presentaron armas.  El ritmo de sus movimientos puso su cerebro  en ritmo, y nuevamente gritó.  Ahora los hombres apuntaban.

Pero en la pausa que siguió, allí entraron en el patio de la prisión apresurados pasos como de la naturaleza de los cuales el oficial supo que significaban el indulto.  Instantáneamente su mente se aclaró.  “Paren” gritó frenéticamente al pelotón de fusilamiento.

Seis hombres de pie preparados con rifles. Seis hombres estaban atrapados en el ritmo.  Seis hombres cuando escucharon el grito para parar –dispararon.

Charles Chaplin

“Rhythm: A story of men in a macabre movement”

in the best of Rob Wagner’s script,

edited by Anthony slide, 1985.

La ejecución de un brillante humorista “Ritmo” fue escrito por Chaplin en 1938 en vísperas de la segunda guerra mundial.  Relata la historia de un condenado esperando su ejecución en la prisión.   En esta pieza Chaplin esta preocupado con la justicia –y la injusticia.  Un año más tarde, empezó a rodar El Gran Dictador, un llamado a toda la gente de buena voluntad.

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