La literatura visita el Ringside

Por Alejandro Torres Ocampo.

No puedo decir si el boxeo es bueno o malo, moral o inmoral. Para algunos, deporte, para otros, barbarie; no viene al caso hablar de algo tan viejo como darse de trompadas. Lo que si traigo a cuento es que quedan pocos que se valgan de sus puños y solo de ellos para defender sus cosas. Ahora los veo matoneando con puñales y visteando al otro para terminar una afrenta terminando al otro. Si es malo el box lo prefiero frente a la facilidad de las armas. Pero no crea que va a gastar ojos en una disgresion sobre ética del combate. Escribo para otra cosa hoy.

Hablando de deporte y literatura, un cliente de la librería me trajo la pregunta que sigue:

¿Hay cuentos de boxeo? Yo le dije que debían de haber  porque si los hay de fútbol, que es popular, no menos el box y, por tanto, creyendo en su existencia, tome las de Villadiego y entonces los que se van a leer y a buscar en la polvera traidora de la memoria y de las librerías.

Días después, los que se asustan; el tema es largo y ha dado para todo, desde aparatosas caídas a la lona, tiradas de toalla y hasta salidas en hombros. Variopintos son los cuentos y demás textos que se han escrito sobre boxeo, tanto como los autores que se han acercado al tema.

Para la muestra, baste decir, por ejemplo, que Hemingway practicó el deporte, Conan Doyle y London  eran aficionados a las veladas boxísticas, Cortázar lo elogió  y vio en esa bravura, propia del púgil, un émulo del porteño compadrito.

De puños y letras es esta antología que rinde humilde homenaje en cada titulo a esa danza terrible de dos que sudan buscando por dónde colar, rápido fantasma, un dolor que haga mella en el contendor hasta que caiga uno o se rinda, round tras round, el otro.

Jamás he boxeado pero si hay un deporte más desagradecido, es éste el que me parece que se lleva el premio; parece obligatorio casi, que quede algo mal en el cuerpo con los años de práctica y los golpes recibidos: oscura factura que solo cobrará el tiempo, cuando no la fuerza desmedida, aplicada en algún lugar de la frágil humanidad. La horda grita y todo es silencio puro para el boxeador; como que se va la luz y el aire. Se ve negro y todo desaparece, dulce madre lona recibe este hijo entre tus brazos, que las luces abriguen al luchador. Todo ha terminado. Nunca se sabe si para siempre o si habrá revancha. No hay pelea injusta. Sólo pelea.

Vean por ustedes mismos cual gana al último round de esta lista de escritos que se me aparecieron en el camino de salir airoso con esta nueva búsqueda de lecturas, ahora para aficionados o curiosos del box. Ah, ojalá que como me pasó a mi, les pase a ustedes y queden en un Knock Out rotundo.

 

*  “Por un bistec”. Jack London; en Relatos. Ed Alianza.

*  “El matón de Brocas Court”. Arthur Conan Doyle; en Historias del Ring. Ed. Valdemar

*  “Torito”. Julio Cortázar; en Cuentos completos. Ed. Alfaguara.

*  “Esta noche de siempre”. Roberto Burgos Cantor; en revista casa de las Ameritas 56, noviembre de 1969, La Habana.

*  “El Boxeo”. Joyce Carol Oates. Ed. Tusquets.

*  “Los días contados”. Fernando Alegría. Ed. Siglo XXI, México.

*  “Knockout”. Pedro Rivera; en Peccata Minuta, instituto panameño de cultura, Panamá, 1970.

*  “El vencedor”. José Luís González; en La Galería. Ed. ERA, México.

*  “El Boxeador”. Pedro Orgambide; en La buena gente. Ed. Sudamericana. Buenos Aires, Argentina.

*  “Para comerte mejor”. Eduardo Gudiño Kieffer. Ed. Losada. Buenos Aires, Argentina.

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