La importancia de morir a tiempo – Mario Mendoza. Planeta, 2012.

Por Alejandro Torres.

De los mejores libros me queda un sabor en la boca casi siempre amargo; dado que se acaban muy pronto. Empecé este libro de Mario con la acostumbrada distancia que las letras mecanizadas por la editorial Planeta me provoca. Lo curioso es que nota tras nota -Yo esperaba otra novela- Mendoza me iba contando de un mundo que no me imaginaba. Uno si intuye que hay una angustia en el mundo actual que hubiera hecho gozar a los existencialistas de hace cincuenta años pero no que la ansiedad llegase a tanto. Este libro de crónicas, retratos, memorias, notas, no sé cómo llamarlo, me ha dejado abrumado y sediento de más esclarecimientos  Tanto así que ya no confío, en absoluto, de los telediarios ni la radio o el periódico. Son patrañas para generar confusión, temor u olvido. Jamás para informar. De tapa a tapa, el mejor libro de Mendoza. Un raro museo donde confluyen escatologías del horror, el miedo, la esperanza, la lucha y la fortaleza. Muchos académicos desdeñan de Mendoza por parecerles muy popular pero no intuyen que son más quienes prefieren una prosa sencilla y directa a un mamotreto oscuro e inútil. “La importancia de morir a tiempo” es un viaje al rededor de mundos subterráneos, cultos ocultos, seres extraordinarios, rostros perplejos y miradas fascinadas por la mística del huir de este ruidoso entorno que hoy lamamos hogar. Para muchos será una colección de anécdotas propias de libros sobre lo inexplicable. Para mí han resultado una lluvia fina de hechos que secretamente van ligados por el ojo agudo de quien sabe que siempre hay algo más allá de la rutina y el tedio que tanto convienen al establecimiento  Mario Mendoza ha sacado a la luz un sinfín de voces que se estaban quedando mudas en medio de nuestra sordera. Es muy lícito ser leído y querido por hablar claro y sin tapujos. Hay algo de explosivo y político en este libro, también. Estas crónicas te presionan a tomar partido. Se lee a un autor en pugna con la realidad. No sobrará nunca otra semilla más que geste un poco de eso que algunos llaman la revolución de las pequeñas cosas. Un libro es bueno si te trastoca; si te mueve. A mí me movió el corazón; me llenó de preguntas y de ese viaje de Mendoza, sus lectores iremos tanteando para dar también con un camino. Gracias desde aquí. Usted me ha sorprendido.

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