HHHH – Laurent Binet. Seix Barral, 2011.

Por Andrés Castaño.

La novela histórica, a veces da frutos extraños y sabrosos. Una reseña hecha por Vargas Llosa sobre este libro, súbitamente activó el impulso de empezar a leerlo. Laurent Binet ganó con esta obra el premio Goncourt con su novela, que en Francia premia anualmente la mejor obra literaria. Aquí el autor pone en duda el mismo material con que una novela se produce: la memoria y el tiempo.

El lugar (Praga) y el tiempo (1942) durante la ocupación de los sudetes checos por los nazis, es el punto del que parte Binet. Cuestionándose siempre el cómo y el por qué de su empresa narrativa, nos confiesa en qué momento empezó a escribir la novela; su viaje por Praga y los sitios claves para el relato; las películas que vio y la cantidad de libros que leyó para revivir la operación Antropoide: la minuciosa conjura orquestada para acabar con “El Carnicero de Praga” o “La bestia rubia”, como llamaban los checos a Reinhard Heydrich, el despiadado administrador del protectorado nazi de Bohemia y Moravia (cuyo apócope, en alemán, rezaba: “Himmlers Hirn heisst Heydrich”: o El Cerebro de Himmler se llama Heydrich, y que da el extraño título a la novela).

El punto crucial del relato se centra en el atentado fraguado desde Londres, donde funciona el gobierno checo en el exilio, y que consiste en enviar dos paracaidistas para ejecutar el crimen del odiado invasor y verdugo nazi. Aparentemente preparados para hacerlo, llegado el momento, el destino aplica las leyes de Murphy y todo parece salir peor de lo que esperaban. Los héroes, huyendo del enemigo, acorralados, e ignorando el desenlace de su operación, se ocultan en la pequeña cripta de una iglesia, donde darán una verdadera batalla épica comparable a la de los trescientos guerreros del Leónidas, pero que aquí serán un puñado d héroes contra setecientos verdugos nazis.

Una obra que resuena en la mente de lector al terminarla y que lo hace pensar, si a veces la imaginación de un autor puede ser tan vigorosa para poner en jaque la verosimilitud de la realidad histórica establecida. Un argumento tan conmovedor como increíble; y tan desgarradoramente real como fabuloso puede a veces llegar a ser el sacrificio de la vida propia por la libertad humana. Indispensable; casi como El Pianista, o Salvando al Soldado Ryan.

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